José Velásquez

Bicentenario en cámara lenta

Nunca fue una carrera contra el tiempo pero, cuando las colonias se convirtieron en países, el cambio de modelo los obligaba a construir sin descanso.

Ecuador llega a sus 200 años de independencia con una colección de absurdas pausas que lo han puesto en franca desventaja.

Detrás de cada tropiezo, estuvo por lo general un político o un militar dispuesto a “refundar” el país con marcos legales diseñados para beneficiar intereses propios. En Montecristi firmamos la Constitución número 20 y seguramente en este siglo llegarán muchas más. Cuando se trata de “Cartas Magnas”, Ecuador tiene más del doble que Colombia y ocho más que Perú. Entre 1929 y 1946 Ecuador redactó y puso en vigencia cuatro nuevas Constituciones y más de una docena de presidentes, jefes supremos y mandatarios interinos, desfilaron por Carondelet. Fueron años de decidido tiempo perdido a pesar de que en la década del 20 llegó la Misión Kemmerer para hacer ayudarnos a crear instituciones tan necesarias como el Banco Central.

La independencia fraguada dos años antes en Guayaquil y consolidada en Pichincha nos planteó un reto de responsabilidad administrativa y legal que se asumió discrecionalmente. La constante transición en el liderazgo, los golpes de estado, los conflictos bélicos, la innecesaria proliferación de partidos políticos y el eterno secuestro del legislativo le han apuntado las piernas a este país, que es tan rico en recursos como en gente ambiciosa.

Hay que conmemorar el Bicentenario con algo de vergüenza porque la libertad se tornó en botín, y la independencia en excusa. Una cosa es la independencia y otra cosa es la libertad. Lo primero se refiere a la capacidad para ser autónomos y no estar en manos de terceros para ejecutar nuestras decisiones; lo segundo sugiere un avance sin amarras, sin barrotes y sin obstáculos. Nuestro Ecuador de hoy es un país altamente dependiente y con muchas de nuestras libertades secuestradas o condicionadas por el capricho de turno. Son 200 años en los que hemos avanzado en cámara lenta.