César A. Sosa

Más remesas, no es para festejar

Esta semana, el Banco Central informó que el crecimiento de la economía ecuatoriana en el 2021 fue mayor al previsto inicialmente.

La primera previsión era del 3,1% y finalmente fue 4,2%, un desempeño bastante modesto considerando que el país venía de una gran recesión. Sin embargo, uno de los datos relevantes que explican ese repunte fue el consumo de los hogares.

Los hogares gastaron un 10,2% más el año pasado y con eso ya superaron los niveles prepandemia, lo cual es un reflejo de la recuperación de las actividades productivas.

El mayor consumo de la gente incentiva la producción de todo tipo de bienes y servicios, lo cual puede convertirse en un círculo virtuoso si esa mayor demanda se traduce en generación de nuevos empleos.

Algo se eso sí hubo, sobre todo en el segundo semestre del año pasado, cuando la campaña de vacunación permitió reanudar las operaciones en buena parte del sector productivo.

Pero la gente también pudo mantener su consumo con los recursos que llegaron del exterior a través de las remesas.

En épocas de crisis, como ha ocurrido durante la pandemia, la migración de ecuatorianos aumenta, debido a la falta de empleo local. Las personas se endeudan en cooperativas y con esos recursos pagan a los coyoteros para llegar a países que ofrecen mejores oportunidades, como Estados Unidos.

Quienes ya migraron envían más recursos a sus familiares en Ecuador para que puedan mantenerse durante la crisis. Con base en datos de Diálogo Interamericano, la agencia Bloomberg señaló esta semana que el año pasado llegaron a Ecuador USD 4 362 millones en remesas desde Estados Unidos, 31% más respecto al 2020.

Sin duda, esa será una cifra récord de remesas de ese país, el cual ha sido de los primeros en recuperarse de la pandemia.

Si bien las remesas impulsan el consumo y el crecimiento nacional, también son el reflejo de falta de oportunidades locales y la desintegración familiar.