Mauricio Pozo Crespo

Cuidado con el coletazo

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Sábado 24 de agosto 2019

Uno de los factores que se debe cuidar con extrema precaución son las expectativas, es decir, la percepción de las personas, de los agentes económicos nacionales e internacionales, sobre la situación económica del país. Las acciones que se ejecutan, si son las correctas, no necesariamente son percibidas como tales, lo que conllevaría, por ejemplo, a la necesidad de realizar un esfuerzo importante en la forma en que se difunden las decisiones.

Así mismo, si no se consideró el principio de la oportunidad y la magnitud, las decisiones económicas pueden ser las adecuadas pero por haberse ejecutado en una proporción menor a la requerida o por haberse aplicado a destiempo, los resultados no llegan o terminan siendo insuficientes.

Estos errores en la conducción económica son parte de los problemas de la economía argentina. Decisiones adoptadas en una intensidad insuficiente a la magnitud del problema o acciones demoradas, provocaron que las metas macroeconómicas no se alcancen y el programa económico termine, como se dice, “haciendo agua”. Si el déficit fiscal argentino era cercano al 6% del PIB y luego de aplicado el “ajuste” se reduce en tan solo 1%, ese todavía exceso de gasto termina presionando al tipo de cambio, la depreciación cambiaria se acelera y la inflación no cede.

Ante esto, el Banco Central argentino pierde reservas internacionales, busca protegerlas con mayor depreciación cambiaria, esto presiona el nivel general de precios y los desequilibrios macroeconómicos terminan agudizándose. En este escenario, las críticas al régimen no esperan, se cuestiona al programa económico, se critica al FMI como el responsable de la crisis cuando el real causante es un programa económico tibio y, todo termina recayendo en una pérdida electoral en las recientes elecciones primarias de ese país.

Ante eso, el presidente Macri adopta decisiones económicas que le permitan recuperar el espacio electoral perdido, pero con medidas que suavizan más el programa económico, comprometiendo con ello el escenario económico futuro y con beneficios electorales aún inciertos. El corolario es que en economía, cuando se la combina con objetivos electorales, se corre el grave riesgo de no conseguir ninguno de los dos.

Las decisiones económicas deben adoptarse en la proporción correcta, en la dirección adecuada y en la oportunidad debida. No se trata de desconocer la estrecha correlación de la política y la economía sino de evitar traspasar esa línea delgada luego de la cual la economía pierde resultados.

El gradualismo no significa, bajo ningún punto de vista, un programa tibio o blando, lo que implica es que las decisiones se vayan adoptando en el transcurso del tiempo pero en las magnitudes necesarias. Que no nos salpique y que no repliquemos el caso argentino.