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¿Baltazar fue negro?

El lector conoce la historia de los magos que llegaron de Oriente, preguntando donde había nacido el “Rey de los judíos” , que se relata en el Evangelio según San Mateo, los que guiados por una estrella fueron a Belén y al entrar donde estaban José, María y el niño, “postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

En las tradiciones cristianas se incorporó la relación de que fueron tres aquellos magos: Baltazar, Gaspar y Melchor.

A Baltazar, en la edad media, se lo figuró de raza negra, para simbolizar la universalidad del Cristianismo. Tradicionalmente es el portador de la mirra como regalo para el niño Jesús.

La cita viene por la sanción del Superintendente de Comunicación a Alfredo Pinoargote, por la mención de la palabra negro al señalar que la expresión en la versión que impone el poder debe ser “afroecuatoriano” o supongo “afrodescendiente”.

Claro está que a Pinoargote había que sancionarlo. El poder es el poder. La causa pasa a ser un detalle, pero no puedo abstraerme de esta.

Respeto a quienes prefieren identificarse como “afroecuatorianos”. También a los que privilegian llamarse y ser llamados “negro”.

Verdad que lo de “negro” históricamente tuvo un uso despreciativo, más aún cuando se lo vinculó a la esclavitud, pero hay quienes desde ese espacio, revirtiéndolo, han revalorizado la condición de “negro”. No la ocultan, la hacen causa y razón de su valor, no se van por la no mención de su color de piel, para preferir ser identificados por el origen de sus antepasados remotos o próximos, lo cual es perfectamente valedero. En la lucha contra el apartheid y la discriminación su condición de cultura y de piel fue su gran reivindicación, por eso tanto les debe la humanidad.

Para mí uno de los grandes poetas del Ecuador es Antonio Preciado, quien ha dicho con propiedad: “El mundo de mi poesía no se agota en la negritud”. Algún momento leí una nota sobre él en que menciona a los escritores Adalberto Ortiz y Nelson Estupiñán Bass, honrosamente negros. También del peso y la influencia del poeta cubano Nicolás Guillén en la literatura de nuestro continente.

La actriz keniato-mexicana Lupita Nyong’o, recientemente ganadora de uno de los premios Oscar 2014, en una entrevista relató que cuando niña le planteó un pacto a Dios para que le aclare su piel, hasta que descubrió que ahí estaba la razón de su belleza. Su frase: “Nadie podía evitar que naciera la flor que había en mí”.

Los pueblos indígenas, los cholos y los montubios también fueron objeto de discrimen y hoy reivindican su condición.

Temas como el de la negritud y el valor de su cultura y su aporte a que todos los seres humanos creamos y practiquemos la libertad de pensar, expresarnos y actuar, no deben ser para ajustes desde espacios del poder.