Sebastián Mantilla

Bachelet y Venezuela

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Miércoles 26 de junio 2019

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, acaba de visitar Venezuela.

Por fin, por no decir muy tarde, ha constatado en persona la situación calamitosa y dramática por la que atraviesa Venezuela: escasez de alimentos y medicinas, falta de empleo, inseguridad, hiperinflación y, para coronar, violaciones reiteradas a los derechos humanos de parte del régimen imperante.

Esta crisis económica y humanitaria, la cual comenzó a sentirse en 2015 y se agudizó desde el 2017, ha llevado a la salida de más de 4 millones de habitantes. Algo nunca antes visto en la historia reciente de América Latina.

Aunque Bachelet se entrevistó con Nicolás Maduro, en el poder tras las elecciones fraudulentas del 2017, y con Juan Guaidó, jefe del Parlamento y proclamado por esta misma instancia como presidente interino de la República, no hay visos solución al problema que tiene actualmente Venezuela. Sus palabras se han quedado en el diagnóstico y constatación de los hechos. Catalogó a la situación de este país como “grave”, “afecta a muchas personas”, haciendo un llamado a Maduro a que libere a todos los presos políticos.

Para consuelo de pocos e insatisfacción de miles de venezolanos Bachelet designó a un equipo de confianza para que vigile y supervise el estado de los derechos humanos en este país. Parecería que este es el “karma” que le persigue a Venezuela. La comunidad internacional y buena parte de los países de la región se horrorizan por el drama de esta nación pero no atinan hasta el momento a plantear una salida concreta.

La presión de los Estados Unidos se desinfló tras el respaldo que obtuvo Maduro de Rusia y China. Se hablaba incluso de una intervención militar de parte de Washington pero, de acuerdo a cómo ha evolucionado todo, esto está descartado. Además, las prioridades económicas, militares e internacionales de los Estados Unidos están en otros lados (frontera con México, Irán, Corea del Norte, China, etc).

Mientras tanto, Nicolás Maduro sigue dilatando las cosas y quemando tiempo. Le ha ofrecido a Bachelet que “tomará con toda seriedad sus sugerencias, recomendaciones y propuestas”. Es decir, simple retórica. Del mismo modo cuando habló de sentarse a dialogar con la oposición, de invitar a líderes políticos internacionales para que intercedan o de aceptar la propuesta de mediación de Noruega.

Sin embargo, Bachelet aprovechó para cuestionar las sanciones impuestas por el gobierno norteamericano a Venezuela. Antes que evaluar como positiva la visita de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, pienso que ha servido para reconocer a Maduro como presidente y, a la final, legitimarlo. Una pena cuando miles de venezolanos atraviesan diariamente por circunstancias realmente penosas y lamentables. Otra decepción con la diplomacia internacional.