Santiago Estrella

‘No son tan brillantes como parecen’

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Viernes 12 de junio 2015

Atrás quedaron los días de una Asamblea que no repetía las prácticas de la partidocracia. Ya no hay cenicerazos (uno puede sospechar que se debe al antitabaquismo reinante y no por una ética política) ni peleas, ni insultos, ni agresiones. Pero los dimes y diretes entre Marcela Aguiñaga, de Alianza País, su excoideario Ángel Vilema y Fanny Uribe, una exaliada del oficialismo por ser parte de Avanza, dejan un mal sabor de boca a cualquiera que haya visto esa escena. Y algo parecido ocurrió ayer, cuando oficialistas y opositores se dijeron de todo y usaron la bandera como respaldo a la Selección y como símbolo de dignidad ante el ‘golpismo’.

Pero este en realidad no es el problema, sino ese silencio cómplice que existe en Alianza País y la convivencia con lo inmoral que solo se conoce cuando se enojan. ¿Por qué justo ahora Aguiñaga acusa a Vilema de ser un operador de los consorcios turísticos y a Uribe de formar parte de la explotación ilegal de pepinos de mar? ¿Por qué justo ahora Vilema
y Uribe acusan a Aguiñaga de tener un apellido vinculado al trámite de visas ilegales?

¿Todo eso lo supieron de la noche a la mañana o era algo que conocían desde antes? La respuesta parece obvia. Pero exige otra pregunta: si lo sabían y lo aceptaron, ¿quiere decir que cualquier cosa se permite?

Y si todo está permitido porque son Gobierno y todo lo que haga el Gobierno está bien, entonces estamos ante un problema realmente serio, que explica el porqué nunca corrigen pese al descontento social. Es como si temieran más a la idea de la derrota que a cualquier conspiración que ven en todas partes.

En 1977, el expresidente de Estados Unidos Richard Nixon dijo una de las frases más deplorables de cualquier político, en la entrevista a David Frost, luego de haber renunciado por la corrupción en el caso Watergate: “Lo que quiero decir es que cuando un presidente lo hace, no es ilegal”.

Por eso, el exagente del FBI ‘Garganta Profunda’ les dijo a los periodistas que cubrían el caso: “No creas en el mito de la Casa Blanca. No son tan brillantes como parecen”.