Arturo Moscoso Moreno

Así mueren las democracias

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Viernes 02 de noviembre 2018

En su reciente libro Cómo mueren las democracias, Steve Levitsky y Daniel Ziblatt sostienen que las democracias actuales ya no mueren a través de golpes de estado, sino que lo hacen lentamente en manos de líderes autoritarios que llegan el poder mediante elecciones, enancados en una estrategia populista, y que luego subvierten las instituciones hasta que terminan liquidándolas.

Para identificar a un líder autoritario los autores conciben cuatro señales de advertencia: 1) rechaza, ya sea de palabra o mediante acciones, las reglas de juego democráticas, 2) niega la legitimidad de sus oponentes, 3) tolera o alienta la violencia o 4) indica su voluntad de restringir las libertades civiles de sus opositores, incluidos los medios. Un actor político que cumpla con una sola es un autócrata en potencia.

Levitsky y Ziblatt señalan, que las constituciones democráticas se refuerzan con dos normas elementales no escritas: la tolerancia, aceptando a los oponentes políticos como legítimos; y, el autocontrol en el ejercicio del poder: no desplegar las prerrogativas institucionales de que esté investido el gobernante hasta el máximo, aunque sea legal.

Jair Bolsonaro es un líder personalista que, aupado en el rechazo que han generado la profunda crisis económica, la creciente inseguridad y los escándalos de corrupción como no se han visto en la historia de ese país, en los que ha estado inmersa la clase política dominante de los últimos años en el Brasil, encabezada por el Partido de los Trabajadores (PT), ha llegado al poder ofreciendo un cambio que, si bien propugna la libertad de mercado, también la intolerancia y la reducción de derechos, calzando perfectamente con las señales dadas por Levitsky y Ziblatt.

Resta ver ahora si es que la institucionalidad brasileña, muy golpeada ya por los gobiernos del PT, podrá resistir el autoritarismo de Bolsonaro y un congreso donde tendrá mayoría o significará su fin, así como el de la democracia en ese país.

Y es que las democracias también mueren cuando las élites políticas, de izquierda o de derecha, ven en un líder autoritario la solución para terminar con lo que significó el gobierno anterior. Es decir, no importan los medios o quien los lleve a cabo, lo primordial es arrebatarle el poder al enemigo. Eso es justamente lo que se viene gestando en Latinoamérica, luego de la corrupción campante y la crisis económica y social causadas por los gobiernos de izquierda.

Ojalá en Ecuador no caigamos en la tentación de la derecha iliberal de brindar herramientas que les permitan a los gobernantes saltarse la constitución y los derechos humanos a fin de enfrentar las consecuencias de un gobierno altamente corrupto e ineficiente, porque justamente ese es el escenario perfecto para la muerte de las democracias.