Alexandra Kennedy-Troya

La antiuniversidad

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Jueves 06 de junio 2019

Hemos entrado en el peor de los procesos del marketing educativo. Se nos “vendió” la idea de que todos deberían aspirar a entrar a las universidades. Si privadas, mejor. Además, el pregrado no es suficiente, la maestría es supuestamente demandada por el mercado laboral. Muchos rinden exámenes, pocos entran. Esperan, la frustración es grande. De los que terminan sus pre o posgrados, pocos hallan trabajo, mal pagado y muchas veces en áreas que nada tienen que ver con lo que aprendieron.

Algunos estudiaron carreras por las cuales no sienten vocación alguna; era su segunda o tercera opción. Hablamos de una educación institucionalizada acorde con el sistema neoliberal duramente enquistado en estos últimos 40 años. ¿Cómo desafiar el mercado, la marginalización, la austeridad y la violencia estatal encarnados en este tipo de educación, lamentablemente tan naturalizada entre nosotros? ¿Cómo rescatar la sencilla idea de co aprender, conocer, impartir, manteniendo espacios seguros y autónomos?¿Por qué plegamos en nuestras mallas curriculares a seguir jugando el juego del capital en vez de buscar el conocimiento radical que contempla, nutre y promulga valores anarquistas, anti capitalistas, feministas, antirracistas, decoloniales, antifascistas, ‘queer’, anti jerárquicas, etc.? Quizás haya que pensar seriamente en una experiencia londinense –Antiuniversity of London - fundada en el 2015 bajo los principios de otra experiencia corta en 1968, la Antiuniversity of East London, donde se rompieron de cuajo las estructuras de la clase. Y…se pusieron –como en esta nueva experiencia- a conversar docentes y profesores y definieron acciones para erradicar aquello que no gustaba, aquello que políticos y acumuladores de capital han impuesto. Revísese los festivales realizados por la Antiuniversity con una atención a 5000 personas y los 300 y más eventos armados a los que se van sumando cada año más personas. Extraordinarios docentes/estudiantes, ambos aprenden; ningún lugar en concreto, se recibe sin importar la experiencia, el entorno, la edad o el título. Se aprende…se aprende, se reaprende.

Por qué tanta sumisión de las casas de estudio frente al capital. Esto les inhibe a disentir cuando el espacio mismo debe ser un hervidero de cuestionamientos y acciones para transformar la sociedad bajo nuevos y significativos valores. El profesor chantajea en el aula, enmudece a sus pupilos que no hacen lo sugerido o que no le retornan favores; el cuerpo docente de una facultad enmudece si su contrato fenece al mínimo indicio de discrepancia; las facultades enmudecen para mantener su poder intacto, el poder que les confiere “su” especialidad. Y los rectores enmudecen frente al poder del Estado, sobre todo cuando el mismo sabe que la educación en la mejor arma para manipular.