Diego Araujo Sánchez

Años viejos

valore
Descrición
Indignado 1
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 2
Contento 15
Martes 31 de diciembre 2019

Este día se repetirá en el país la quema de los años viejos: a medianoche, se echarán al fuego monigotes rellenos de papel y aserrín, con caretas que caricaturizan a personajes públicos. En algunos casos, la quema va precedida de la lectura del testamento, con versos burlones. El “viejo” deja algún objeto a sus deudos y ese legado da pie a la parodia, la broma y la ironía. Los años viejos se exhiben de diversas formas: en algunos casos, se los traslada por calles y plazas; en la mayoría, se los coloca en una caseta precaria levantada con ramas de ciprés o eucaliptos, cartones o madera en donde se cuelgan cartelones con leyendas humorísticas alusivas a los motivos o personajes que representan los monigotes.

En el pasado, la confección de los años viejos estaba a cargo de los muchachos o de grupos de amigos en los diversos barrios de la ciudad. Ahora se los venden en serie, con los rostros de presidentes de la República, ministros y otros personajes del ámbito político nacional e internacional, del deporte, la televisión y la farándula; de héroes y superhéroes; personajes que, para bien o para mal, han desempeñado algún papel relevante en el año.

Acompañan a los monigotes sus “viudas”, personas disfrazadas que piden a los transeúntes con fingidos lamentos “una caridadcita” para el “viejo” que agoniza…

Uno de los primeros registros de esta tradición se remonta a fines del siglo XIX: según Paulo de Carvalho-Neto, el naturalista italiano Enrico Festa, que viajó por el Ecuador entre 1895 y 1898, la narró así: “La noche del 31 las calles de Guayaquil se llenan de gente bulliciosa, que hace mucha algazara para cerrar dignamente el año que muere y festejar el año nuevo. Grupos de enmascarados llevan por la ciudad muñecos que representan el año que termina. A medianoche salvas de artillería, disparos de morteros, alegres toques de campanas saludan al año naciente”.

Las salvas de artillería y los disparos de morteros de antaño son sustituidas ahora por estruendosos voladores cohetes, camaretas… Los juegos pirotécnicos llegan a excesos de ruido que deben frenarse. La naturaleza y los bienes de las ciudades no pocas veces sufren con la quema de años viejos y la cohetería.

Sin embargo, el fuego tiene un valor simbólico: la quema y la burla son desquites colectivos populares de las negativas experiencias del año y formas de queja y crítica. Tras las cenizas de lo pasado, hay un guiño de esperanza al año que se inicia.

En este día es previsible la popularidad de años viejos con la figura de presidente Moreno, los dirigentes indígenas Vargas e Iza y de algunos ministros. No faltará el monigote del ex presidente Correa y, entre sus viudas, Gabriela Rivadeneira o Paola Pabón, y las máscaras de Hernández , Patiño y otros “asilados”, procesados por la justicia o prófugos…

daraujo@elcomercio.org