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Hace años

Se habla de amenazas proferidas por algún funcionario del Gobierno del Primer Ministro de Gran Bretaña en contra del Ecuador, como consecuencia del personaje que se asiló en nuestra Embajada en la ciudad de Londres. No creo que a David Cameron se le ocurra ordenar la irrupción violenta a la sede diplomática ecuatoriana. Esa actitud irreverente se da en sistemas totalitarios que no respetan los derechos de los ciudadanos.

Ingresar a la fuerza en las oficinas o residencias diplomáticas, y matar o secuestrar a gente que se encuentra en su interior a la espera de que se resuelva su petición de asilo, se ha dado, de lo que recuerdo, en dos ocasiones en las que nuestra nación se ha visto involucrada. En ambas los actores han sido los mismos, Ecuador y Cuba. La primera se produjo en diciembre de 1961, cuando ocho personas, todas ellas cubanas, que buscaban asilo, ingresaron en un camión a la residencia del Embajador ecuatoriano, sorprendiendo a los guardias de la Revolución Castrista apostados en las afueras de la residencia para impedir la entrada de cubanos en busca de libertad. El canciller ecuatoriano de esa época, Francisco Acosta Yépez, en una carta enviada al Ministro de Relaciones cubano puntualiza los hechos: “Uno de los guardias del Gobierno Nacional de Cuba, colocado en la acera de en frente del edificio, disparó su ametralladora contra el camión cuando se encontraba dentro del predio que ocupa la Embajada, resultando de ello tres muertos y cuatro heridos...”.

La ‘democrática Cuba’ también fue escenario de la segunda violación de la soberanía territorial ecuatoriana. Fue en febrero de 1981, cuando 14 perseguidos por el dictador cubano entraron en el inmueble de nuestra Embajada en esa isla, para solicitar asilo. Mientras se analizaba la petición, el Gobierno cubano ordenó el corte de los servicios básicos en la residencia. Días después se llegó a un acuerdo, pero como eso disgustó a los jerarcas comunistas, “entre la 1 y las 4 am del 21 de febrero, fuerzas especiales de Castro asaltaron a la Embajada ecuatoriana para detener a los disidentes”. En ambos casos el dictador justificó su acción, engañando a su pueblo y a la comunidad internacional, al decir que Ecuador había autorizado el ingreso de las fuerzas armadas cubanas a la Embajada. En ambos casos hubo desmentidos de los cancilleres ecuatorianos, Acosta, en 1961 y Alfonso Barrera, en 1981.

Se reclama lo que está correcto, por amenazas de Gran Bretaña, pero las autoridades nada dicen de los dictadores que matan seres humanos y violan territorio ecuatoriano. Es hora que la inexistente diplomacia actúe con un poco de lógica recordando hechos históricos de la política exterior que, parece, el gobernante desconoce.