Andrés Jaramillo

La autodestrucción de Alianza País

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Viernes 24 de noviembre 2017

El descalabro de Alianza País (AP) responde, en buena medida, a la forma como se ha concebido la política en el Ecuador y en la región.

Frente a la desazón de la ciudadanía por los partidos, las ideologías y los programas de Gobierno, los políticos optaron por apelar a lo emocional más que a lo racional. A a los caudillos, antes que a las bases como pilares de las estructuras políticas. Al discurso de personalidades carismáticas, antes que a las propuestas de desarrollo.

Alianza País ahora enfrenta una crisis que es el reflejo del colapso de esa forma de ver la administración y el ejercicio del poder. Cuando se quedó sin su principal figura, el caudillo, sus dirigentes -que se habían acostumbrado a seguir instrucciones- de pronto se vieron en la necesidad de tomar decisiones propias. Y ante la falta de experiencia, erraron y acrecentaron la crisis interna del movimiento oficialista.
A esto se suma la visión de la ‘militancia institucional’ que ganó protagonismo en el movimiento. AP se hizo dependiente de la capacidad de control de las instituciones del Estado, en donde instaló su red de apoyo. Un ejército de funcionarios públicos dispuestos a salir a las calles cuando el movimiento lo requiera, desde cualquier rincón del país, pero siempre y cuando no se afecte su estabilidad laboral o económica.

Cuando hubo el cambio de Gobierno y los anteriores administradores perdieron el control de las instituciones se les fue de las manos la capacidad de convocatoria y el apoyo político. Pese a permanecer más de una década en el poder, Alianza País nunca logró construir con las bases una estructura orgánica sólida, ideológica, que les permita sostenerse o sortear crisis como la actual.

Sin la participación directa de la ciudadanía en la toma de decisiones, una relación de poder horizontal, abierta, sin prejuicios y un Gobierno dispuesto a transformar las estructuras en función de los intereses de las mayorías, el Ecuador está condenado a repetir, una y otra vez, la historia de Alianza País.