Ileana Almeida

Por amor a nuestro Ecuador

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El Ecuador vive momentos de zozobra e incertidumbre. En la frontera norte el narcoterrorismo siembra muerte y pánico. Las redes internacionales de la droga campean a sus anchas, lo que hace comprensible que el presidente Moreno dedique sus esfuerzos y energías a detener esas acciones devastadoras que no por focalizadas dejan de tener impacto en todo el país.

Sin embargo, en esta situación específica en la que el Presidente declara eufóricamente “Por amor a nuestro Ecuador”, sale a flote el pesado silencio sobre los pueblos indígenas que habitan la frontera norte. “El por amor a nuestro Ecuador” no llega por ahí y eso que son las mayores víctimas del asedio de los narco terroristas. Esta exclusión guarda residuos del pensamiento colonial y su consideración de los pueblos indígenas y el Estado.

Me refiero a las naciones indígenas chachi, emberá y awa. Los chachi (cayapas) situados en la zona selvática del noreste de Esmeraldas, huyen por los ríos, en pequeños botes a vapor, los tsachila (colorados), conscientes de su pasado común, han acogido a algunos. Más de una vez, los chachis han denunciado a las fuerzas amadas que en sus territorios operan presuntos guerrilleros que pretenden adoctrinarlos y secuestrarlos. (Ecuador Inmediato). Por su parte los awa, habitantes de las cuencas de los ríos Mira, Camunbí y San Juan, están atrapados en la frontera occidental en ambos lados del cantón Eloy Alfaro, también han optado por desplazamientos masivos, no quieren involucrarse en los combates y dejan atrás su territorio que no es ni ecuatoriano ni colombiano, sino Awa. Sus dirigentes han dicho reiteradamente que no quieren ser parte de la guerra (CDOHHPI). Los Emberá habitan en el Cantón Eloy Alfaro, parroquia Borbón, en la cuenca de los ríos Cayapa y Santiago, están también en gran peligro de desintegración por los bombardeos terroristas y viven aterrorizados por el conflicto armado (Conaie). Su huida es a través de bosques espesos, sitios montañosos y quebradas puesto que no hay caminos bien trazados ni peor carreteras.

A la vista de tal desastre, la Conaie ha pedido auxilio a las Naciones Unidas y a la Cruz Roja a partir del derecho de naciones ancestrales de los pueblos indígenas, es decir el que les asiste a vivir en sus territorios, hablar sus lenguas, y guardar sus tradiciones, sus herencias, y religiones. La guerra del norte, está terminando con el fundamento territorial y las fantásticas cosmovisiones de antiguos pueblos que ven el mundo a través de sus culturas (y no saberes ancestrales como se las llama desde el oficialismo). El gobierno, en los indígenas en fuga, no ve sino a unos cuantos ciudadanos que pueden vivir en cualquier tierra extraña. Al respecto vale la pena recordar lo que dijo Alexader Von Humboldt hace doscientos años, “quien no ve otras cosmovisiones es porque no ha visto el cosmos”.