Miguel Rivadeneira

Aliados con el mal

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Lunes 22 de abril 2019

El cinismo y la audacia no tienen nombre. Quienes abusaron tanto del poder durante una década, violentaron las normas constitucionales y legales, coartaron las libertades, le metieron mano a la justicia, atropellaron los DD.HH. para lo cual contaron con obsecuentes servidores de las diversas funciones del Estado, no solo del redil de ovejunos, no tienen calidad moral para hoy cuestionar el actual estado de cosas que ellos dejaron.

Peor asumir el papel de víctimas y perseguidos, cuando deben responder ante los órganos de justicia timoratos por todos los actos de corrupción, cuyas investigaciones, en el debido proceso y con derecho a la defensa, siguen pendientes. Tienen la avilantez de reclamar libertades cuando nunca practicaron ni respetaron.

Unos pocos están presos. Otros fugados y unos terceros audaces que desafían al país pese a que hay mucho material para procesarlos, pero falta decisión para ello. Contratos de grandes obras mal hechas, deuda externa, los centenares de vuelos de los aviones presidenciales y de la empresa petrolera, algunos a paraísos fiscales, sin gente pero con maletas. Lo confirmó el informe de la Contraloría, con serios indicios de responsabilidad penal.

Las malas artes, ya no desde el poder sino desde la oposición, les ha llevado a conectarse con el espionaje y la piratería, que ya lo hicieron desde la desaparecida Senain, con equipos de tecnología de punta. No de otra manera se explica cómo presentan en la Asamblea audios conseguidos de manera ilegal de conversaciones reservadas, que no explican su origen.

Incluso, han contado con un aliado hacker que estuvo siete años en la Embajada del Ecuador en Londres, que hizo lo que le dio la gana, pese a las limitaciones que tiene un asilo y el protocolo que se estableciera, pagado con recursos del pueblo ecuatoriano. Habló mal del país y curiosamente ha contribuido con información reservada e íntima en contra de autoridades, pero nada ha dicho ni ha revelado contra quienes formaron parte del régimen pasado y sus fechorías, corroboradas por los organismos de control y que esperan su trámite en la Fiscalía y la justicia. Seguramente lo hacen de común acuerdo para desestabilizar y sembrar el caos en el país.

Es hora de que el Estado asuma su responsabilidad para descubrir a los que hacen estas malas prácticas con poderosas herramientas informáticas, presumiblemente adquiridas con dineros del Estado y mal habidos. Es hora de establecer cargos, sin temores ni miedo, de quienes otorgaron la nacionalidad ecuatoriana a este personaje, con el uso de documentos falsos, lo cual es muy grave y no puede quedar en la impunidad. Basta de contemplaciones y medias tintas con quienes utilizaron altas funciones públicas para permitir que se atropellen los procedimientos.