Alfredo Negrete

Sinceramente Cristina

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Jueves 16 de mayo 2019

Resultó un éxito editorial el libro de la ex presidenta de la República Argentina, Cristina Fernández, que ha desbordado las librerías de Buenos Aires. Por las circunstancias del personaje, el contenido del libro y los efectos editoriales en tiempos de elecciones es necesario analizar la causa, que es el fenómeno del peronismo, por cuerda separada. Puede ser el camino más apropiado para entender cómo es posible una fervorosa adhesión editorial y popular, luego de un gobierno mayoritariamente considerado desastroso; para colmo, un fenómeno que parece repetirse, a escondidas y con maquillaje, en Ecuador.

Por este motivo analítico, hay que separar al personaje “Cristina” del contexto histórico y político del peronismo. En consecuencia, la tarea primaria es entender a ese movimiento que con diferentes camisetas permanece vigente en Argentina desde 1945. Se hace indispensable explicar ese fenómeno de masas que flota a pesar de las tormentas o tsunamis políticos que periódicamente azotan o bañan las tierras del Río de la Plata. No es posible compararlo con otros movimientos que parecen similares como el varguismo en Brasil, el velasquismo en Ecuador, el aprismo en Perú o el PRI mexicano. El peronismo es otra cosa; que, incluso se da el lujo de ser izquierdista o de derecha, estadista o libertario económico. Es tan insólito, como si un domingo estuviera con las “barras bravas” de Boca Juniors y en el próximo luciera la franja roja de River Plate en el monumental.

La anécdota de la historia, del libro y la polémica generada deben considerar que en Argentina se dieron tres fenómenos únicos: un desarrollo sindical promovido por el anarquismo y el marxismo que florecieron en la única sociedad industrial de América Latina en la primera mitad del siglo XX. Un caldo de cultivo donde el germen del peronismo se hizo raíz histórica, conducidos por los emblemas de Juan Domingo Perón y su esposa Evita. En segundo término, fue el pionero del asistencialismo social por parte de un Estado pródigo e incluyente en lo social con evidentes efectos políticos; finalmente, el único rasgo ideológico que se ha mantenido es la concepción del Estado bajo el modelo original del fascismo italiano. Como se puede apreciar, si bien el peronismo es un caso argentino único e irrepetible, algunas de sus manifestaciones han sido imitadas en otras realidades: caudillo con todos los poderes, disponibilidad abierta de fondos públicos y férrea concepción del Estado como lo modeló Hugo Chávez. Una explicación por la que el peronismo en Argentina en tiempos difíciles actuales no desaparece y el voto presidencial sea indeciso. Ojalá que en otras latitudes no aparezca de noche y en las brumas.

Que en Ecuador no se repita el escabroso diálogo de las noches coloniales en la capital cuando el Cristo iracundo exclamó: “Hasta cuando padre Almeida...” Ojalá que la respuesta cínica no se repita; mientras tanto, hay que encontrar alivio para el ayuno que produce el desempleo.