Rodrigo Fierro

Al final de cuentas

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Jueves 16 de agosto 2012
16 de August de 2012 00:01

Si uno se pone un caramelo en la boca y neutraliza el sabor amargo que pudo habernos dejado la Olimpiada de Londres, resulta que viéndolo bien nuestra participación con 36 atletas no estuvo mal. De la presencia minúscula de siempre, llegamos a un grupo relativamente numeroso, cuando el desfile de la ceremonia inaugural. Aquellas tres docenas de compatriotas constituían el número de quienes habían logrado marcas indispensables para llegar a Londres y competir a escala mundial. En el entendimiento que lo de Jefferson Pérez con sus medallas de oro y plata fueron hechos excepcionales, el que no hayamos logrado una de bronce en Londres no es como para tirarnos al suelo y golpear con los puños la tierra que nos vio nacer o nos adoptó. Es mi opinión. El afroecuatoriano Álex Quiñónez, séptimo entre los mejores velocistas del mundo, me lleva a la certidumbre que con el sueño tranquilo –solucionado el problema de la lucha por el pan de cada día–, y un buen entrenamiento, obtendrá una medalla en los juegos olímpicos de Brasil, luego de cuatro años.

Para este articulista, lego en la materia, al igual que el ecuatoriano del común, esa ‘mayoría silenciosa’, no hallo justificación para la barbaridad que significan las pugnas entre el Gobierno con su Ministerio del Deporte y el Comité Olímpico Ecuatoriano (COE), cuya autonomía debe respetarse pues forma parte del Comité Olímpico Internacional (COI). Si es verdad que el COE recibe una asignación del COI, carece de sentido que el Gobierno escatime recursos económicos, indispensables para que su Centro Olímpico de Alto Rendimiento (COAR) apunte a la excelencia. Según tengo entendido, llegan al COAR los atletas de élite que vayan siendo identificados como tales por el Ministerio del Deporte en sus centros provinciales que son a los que acudirán en primera instancia quienes desde temprano deciden que lo suyo es uno de los tantos deportes. Serán los pupilos del COAR quienes participarán en los eventos continentales hasta llegar a los próximos juegos olímpicos mundiales. No se me escapa que la secuencia descrita resulta muy sucinta. Lo que nadie cuestionará es que el Mi-nisterio del Deporte y el COE- COAR son entes que se complementan y están para potenciarse.

Todo quedará en el limbo de no haber voluntad política, lo cual supone disponer de importantes recursos económicos para contratar entrenadores calificados y cubrir otros grandes rubros. Voluntad no faltará, creo yo. Si no se produce el desplome de los precios del petróleo y si a este portento se suma la eliminación de subsidios irracionales, contaremos con las palancas que nos permitan llegar a Brasil con mejores posibilidades. En cuanto a capital humano, al igual que en el fútbol, serán los afroecuatorianos los que más contribuyan a que nuestros sueños se hagan realidad.