Rodrigo Fierro

Aislamiento provechoso

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Jueves 03 de septiembre 2020

Como todos los días leo EL COMERCIO, me entero de que se ha producido un entendimiento entre Lasso y Nebot. Llegarán a la segunda vuelta.

A lo que voy, ¿Qué hubiera sido de mi si no tenía el hábito de la lectura? Me he defendido bastante bien en estos meses de aislamiento. Como Dios es grande y no me faltan amigos piadosos he contado con libros estupendos. Uno de ellos “Blas Varela. Primer cronista y lingüista peruano”, de Ibico Rojas (Lima, Ed. El Búho, 2018). ¿Blas Varela, primer cronista? ¿Anterior al Inca Garcilaso de la Vega? Por el proceso de aculturación que se impuso en la Región Andina, como no ser a los historiadores de oficio, a pocos en Bolivia, Perú y Ecuador, les interesará el tema. A mí sí, y esto me viene de mi padre, lector apasionado de cuanto se refería al Imperio de los Incas. Debo añadir, mestizo como soy: me viene de España el idioma moderno que hablo y la escritura alfabética con los que registro mis pensamientos, y con los que me leen y leo. Del resto, mis rasgos fisionómicos y algunas de mis cosmovisiones, son andinas hasta la médula de mi alma.

Blas Varela nació en Quitaya, Chachapoyas, en 1545. Su padre, el capitán español Luis Varela, hablaba tan solo castellano. Su madre, a quien tanto amó, hija de un funcionario del Imperio que vino del Cusco. El quechua y el español, los primeros idiomas que dominó Varela. Su abuelo materno se constituyó en la fuente de sus conocimientos sobre el Incario. Fue el primer mestizo que profesó en el noviciado jesuita del Cusco. Fue tal el éxito del P. Varela al utilizar el quechua en sus actividades de misionero, que concitó el odio de los jesuitas españoles. Fue desterrado a Potosí. Allí aprendió Aymara y era la lengua que utilizaba en su obra apostólica, con igual éxito que en el Cusco. Varela sabía además latín, hebreo y su inteligencia se imponía. Sobraban razones para que el mestizo P. Varela recibiera en España el castigo que se merecía.

A su paso por Lima, con los manuscritos de sus dos obras (Historia de los Incas y Vocabulario de la lengua quechua), se enteró que en Quito el dominico Diego Lobato había escrito una obra “Historia del Inca”. Era hijo de un capitán español y de la india cusqueña Isabel Yarucpalla, ex concubina de Atahualpa. En Quito, Varela y Lobato se conocieron e intercambiaron información. Ya en España el P. Varela fue condenado al ostracismo. Durante el largo viaje numerosas paginas de sus obras se habían perdido. Las que quedaban las dio al Inca Garcilaso de la Vega quien desde hace años residía en España. Con este material y con lo que vio y oyó en el Cusco durante su juventud, el mestizo Garcilaso de la Vega, escribe “Comentarios Reales de los Incas” y menciona las aportaciones de Varela. Varela falleció en España. Fue el primero en reivindicar la cultura y la lengua del Incario.