Alfredo Astorga

Agua bendita

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Miércoles 07 de octubre 2020

Una cifra alarmante: 48% de las instituciones educativas rurales y 38% de nivel urbano no dan tratamiento al agua que beben. Así lo afirma la encuesta que realizara Unicef en julio 2020 a una muestra de 16 474 centros educativos. Dicho en sencillo: el líquido vital que fluye en las escuelas (cuando fluye) no es sano ni seguro. Es un peligro.

El agua ha ganado protagonismo con la pandemia. Si bien ha sido dolencia cotidiana en la pobreza -tanqueros, mangueras, grifos comunales, dosificación, distancias- con la covid ha pasado a primer plano. Y no es para menos: una de las 3 medidas esenciales de prevención contra la peste es el lavado de manos con agua y jabón. El agua es parte de la respuesta. Agua limpia y confiable. Agua bendita.

¿Qué tiene que ver el agua con la reapertura de escuelas? Aparentemente poco. Pero en realidad es factor esencial para las decisiones, mismas que aun tienen posiciones encontradas. De un lado, quienes afirman que no se pueden retrasar los aprendizajes y que los protocolos diseñados son suficientes. De otro, quienes alertan sobre un apresuramiento con alto riesgo de contagio. Los niños pueden ser transmisores entre hogares y escuelas. Por más protocolos que se establezcan.

La dinámica de la enfermedad -diagnosticada por el COE- es el primer factor de decisión. Pero también lo es la valoración del acceso a agua, higiene y saneamiento de los centros escolares. El simple hecho del lavado de manos con agua se vuelve un punto sustantivo. Por lo visto en las cifras, casi la mitad de las instituciones rurales no disponen de agua con tratamiento adecuado.

¿Están condenadas a no abrirse más?
La construcción o adecuación de sistemas de agua supone costos elevados. ¿Cómo se va a financiar? Al estado, como garante de los derechos, le corresponde proveerlos. La crisis fiscal no es justificación suficiente porque fondos existentes o de nuevos créditos continúan repartiéndose a ciertos sectores. El tema alude a recursos, pero sobre todo a prioridades. Lastimosamente el Gobierno ha sacado la educación de su radar principal. Al Ministerio de Educación y sus aliados les corresponde impulsar una campaña para reposicionar la prioridad del sector e incrementar sus fondos.

Finalmente, mencionamos tres expresiones de inequidad según el estudio de Unicef. Las carencias en agua son más agudas en las instituciones públicas que en las privadas. Son mayores en zonas rurales que en urbanas. Son más apremiantes en la costa norte, en la sierra central y en toda la Amazonía. La situación complica además la aplicación de modalidades educativas virtuales, pues muchas de estas zonas carecen también de internet y dispositivos electrónicos.

Han transcurrido siete meses y no se conoce intervenciones integrales en agua, higiene y saneamiento en las escuelas. Ojalá no signifique otra espera interminable ni otra expresión de inequidad.

Nota de aclaración

El viernes 2 de octubre en mi artículo 'Agua bendita' se menciona un estudio de base realizado por Unicef. Puntualizo que en la investigación tuvo también un rol protagónico el Ministerio de Educación. Lamento la omisión involuntaria. Saludo el esfuerzo de investigación que realiza el Ministerio y sus aliados.