Sebastián Mantilla B.

Afganistán, ¿el otro Vietnam?

La retirada prematura de las tropas norteamericanas en Afganistán, así como la disminución del soporte al gobierno de turno, ha precipitado la toma del poder de la milicia radical y extremista de los talibanes. Esto precipita el inicio de una crisis no solo política sino humanitaria por todo lo que implica el Talibán.

Antes de la salida de las tropas norteamericanas a inicios de mayo había enfrentamientos entre las tropas del gobierno afgano y los talibanes en 9 de las 34 provincias. Sin embargo, a medida que se dio la retirada norteamericana, los insurgentes avanzaron a un ritmo inédito. En las últimas 2 semanas terminaron por vencer a las tropas del gobierno, llegando a tomarse la capital Kabul el pasado domingo.

Afganistán está enfrascada en una guerra interna desde hace varias décadas. Guerra que no ha estado ajena de las disputas geopolíticas e intereses de países como Irán, Rusia, Estados Unidos, entre otros. Rusia (cuando era Unión Soviética) intervino en Afganistán por cerca de 10 años y, tras sucesivos reveses militares, tuvo que salir. Perdió la guerra. Lo mismo está pasando con Estados Unidos y sus aliados de la OTAN después de 20 años. La diferencia es que, pese a lo que sostiene el presidente Joe Biden, Afganistán se suma a la larga lista de infortunios de Estados Unidos a nivel internacional: Vietnam, Iraq, Libia, Siria…

Biden sostiene que el objetivo de haber intervenido en Afganistán se cumplió: se neutralizó la amenaza del grupo terrorista de Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden. El “objetivo nunca fue construir una nación democrática sino evitar un ataque terrorista a los Estados Unidos”, ha dicho. Sin embargo, el control de los talibanes de Afganistán, sumado al papel que sigue cumplimiento Irán en esa región, desestabiliza el tablero regional. Esa visión radical del mundo musulmán se fortalece y, al contrario, nuevamente se hacen patentes nuevos ataques terroristas y se cierra aún más el área de influencia de los Estados Unidos y sus aliados en esta parte del planeta.

Pero el error no está solamente en la firma del acuerdo entre Donald Trump y los talibanes en febrero de 2020, el cual fijaba como fecha para el retiro de las tropas norteamericanas de Afganistán para el 1 de mayo de 2021. El error de Biden radica en haberlo hecho de manera prematura y en el momento menos indicado. Se basó en un cúmulo estimaciones poco objetivas sobre el poder real de los talibanes y la “superioridad” numérica de las fuerzas afganas. La desmoralización de las tropas, falta de recursos, alimentos y suministros terminaron por socavar su capacidad militar.

El senador republicano, Ben Sasse, ha sido tajante: “las tropas norteamericanas no han perdido la guerra. Han sido Donald Trump y Joe Biden quienes deliberadamente decidieron perderla”.

Este es el primer gran revés de Biden a nivel internacional. Difícilmente podrá revertirse esta imagen. Es como la caída de Saigón en 1975. Estados Unidos pierde de nuevo. Otro Vietnam.

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