Ana María Correa Crespo

30 milloncitos…

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Jueves 19 de julio 2012
19 de July de 2012 00:01

Fue antes de la primera vuelta en el 2006, cuando Correa –candidato– me dijo que el asunto de la probable no renovación de la Atpdea y de la falta de un acuerdo comercial con EE.UU., se trataba para el Estado de unos 30 millones de dólares.

Es decir 30 millones que el estado debía subvencionar a los empresarios en caso de que ellos ya no pudieran exportar con facilidad hacia ese mercado. En tono burlón, y ante una repregunta mía de que eso no parecía aceptable o digno para los empresarios, respondió, que estos seguramente estarían felices de recibir el subsidio, si –palabras más o menos– eso era lo que habían buscado toda la vida, la protección estatal.

Esa ha sido parte de la historia económica de este país: el cuento de un perpetuo romance entre Gobierno y empresarios, que aunque con pasajeras rupturas y crujir de dientes, fue casi siempre una relación tácitamente arreglada en el que uno protegía al otro, y viceversa.

Correa tenía parcialmente la razón en ese momento, es decir por muchos años los empresarios manejaron un doble discurso al respecto. Por un lado pregonaban las virtudes del libre mercado en los foros políticos, pero tras bastidores operaban como mercantilistas puros. Siempre presionando para que el ente gubernamental les tramitase la salvaguardia o la protección de turno, para -en la práctica- no competir con nadie, o al menos, no con quienes realmente les representaban una amenaza.

Además, hay que reconocer que los TLC no son ninguna panacea por sí mismos. No son mecanismos que por sus propios méritos resuelvan los problemas de productividad, competitividad y éxito de una economía. Son quizás la pieza final que hace que todo lo demás engrane, siempre que lo demás esté funcionando. Es decir se mejore la productividad, calidad, se genere valor agregado, etc. Sin embargo, son el “mal necesario” cuando los vecinos los tienen y nosotros no.

Cuando el Gobierno mandó al traste a los TLC porque iban en contra de su ideología, prometió idear mecanismos alternativos a los “neoliberales” y buscar mercados nuevos para que los productos ecuatorianos, dejen de depender de sus destinos clásicos.

Cinco años después, los resultados son incipientes. El Gobierno se quedó corto en sus esquemas sustitutos y no tiene mercados que reemplacen a los tradicionales. Pronto llegará la factura de no contar con esquemas certeros.

Por eso ahora tengo una nueva pregunta para el otra vez candidato: ¿No sería revolucionario negociar acuerdos comerciales y así romper con la relación parasitaria entre el Estado y los empresarios que usted ha fortalecido a través de la prolongación y ampliación de los esquemas de protección? ¿Quiere añadir un grupo de insatisfechos empresarios a la lista de los subsidiados por el Gobierno?