La androide Sophia utiliza bases de datos de lenguaje verbal y no verbal para interactuar tanto con palabras como con gestos. Foto: EFE

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Domingo 30 de diciembre 2018

Tecnología

La Inteligencia Artificial fue un potente aliado en el 2018

Estéfano Dávila Ferri

Durante 2018, una de las principales embajadoras de la Inteligencia Artificial (AI) recorrió diferentes partes del mundo demostrando las capacidades de esta tecnología.

Se trata de Sophia, una de las robots de interacción humana más reconocida gracias a sus características fisicohumanoides. Es uno de los desarrollos más complejos de Hanson Robotics, compañía con sede en Hong Kong que ha dedicado gran parte de sus esfuerzos al desarrollo de una interfaz con capacidad de simular la interacción humana, traduciendo las búsquedas que realiza en tiempo real en bases de datos de la Internet a conversaciones con sentido completo.


Aunque por sus características, Sophia es una computadora del tamaño de un humano, la miniaturización de este tipo de tecnología ha hecho que la Inteligencia Artificial sea algo más cotidiano. Incluso este año se puede hablar de Inteligencia Artificial de bolsillo que si bien no funciona a la misma escala que Sophia, sí cumple con funciones básicas de aprendizaje.

Alexa de Amazon, por ejemplo, permite a los usuarios mantener interacciones con sus dispositivos para realizar búsquedas inteligentes. Apple, por su parte, incluyó los chips A12 Bionic en los iPhone XS, procesadores que incluyen una Unidad de Procesamiento Neural para permitir un mejor desempeño del teléfono. Es algo similar a lo que hizo Huawei con su procesador Kirin 980, de los teléfonos Huawei Mate 20.

Este tipo de chips con capacidad de procesamiento neural permiten la detección de objetos a ser fotografiados para mejorar las características de la cámara antes de tomar el objeto. O incluso ayudan en la optimización de la batería en función del aprendizaje que el chip hace del uso que se le da al teléfono, desarrollando la eficiencia del procesador.
 


La empresa china dio este año un paso más allá al presentar en octubre sus chips Ascend 310 y 910, creados para plataformas integrales de Inteligencia Artificial con despliegue en la nube, pensadas para desarrollos computacionales de mayor potencia, no solamente para teléfonos móviles.

Otra de las empresas que incursionó fuertemente este año fue OpenAI. La compañía desarrolló un motor de Inteligencia Artificial para jugar Dota 2, un videojuego de estrategia altamente competitivo utilizado en diferentes arenas de eSports alrededor del mundo.

OpenAI Five jugaba el equivalente de 180 años de partidas de Dota 2 cada día para aprender las estrategias inherentes al juego. En agosto de este año, este motor compitió contra un equipo de veteranos atletas cibernéticos. Y les ganó en su propio terreno.

Google también potenció el desarrollo de IA, ofreciendo USD 25 millones para proyectos de esta tecnología que trabajen en beneficio de la sociedad. El apoyo ha sido destinado a proyectos ambientales, humanitarios, sociales y más.

La investigación por la Inteligencia Artificial este año también tuvo sus matices. El Reporte Anual de Inteligencia Artificial realizado por la Universidad de Stanford, en California, revela que Europa lidera la publicación de artículos científicos sobre IA, pero en patentes, cae por debajo de Estados Unidos y China. Estos dos países han realizado investigaciones e implementaciones prácticas, con ejemplos de uso en cámaras de videovigilancia en eventos masivos para poder detectar a personas en medio de multitudes.

En Ecuador, un grupo de investigadores de la Escuela Politécnica Nacional desarrolló un proyecto de reconocimiento de gestos humanos por parte de las máquinas mediante el uso de Inteligencia Artificial. Las aplicaciones de este proyecto en un futuro cercano podrían permitir el desarrollo de prótesis con capacidad de reconocer y obedecer a estímulos eléctricos que el cerebro envía a los músculos para mover prótesis robóticas.