Fotos: Julio Estrella / EL COMERCIOEvelyn Jácome. Editora (I)
En El Quinche hay cerca de 1 500 comerciantes, entre regularizados e informales. En noviembre, las ventas aumentan debido a la presencia de creyentes que llegan a la romería.
Las autoridades de la parroquia esperan en noviembre la presencia de alrededor de un millón de fieles durante las fiestas, ya que en los dos años pasados no hubo la caminata por la pandemia.
El Quinche está lleno de creyentes y comerciantes, de quienes visitan la parroquia para que la Virgen bendiga sus carros o haga un milagro, y de quienes aprovechan la devoción para generar ingresos y mantener la casa.
La parroquia tiene 19 000 habitantes y se caracteriza por el turismo religioso. La Virgen es el principal atractivo, en especial este mes que se celebran la romería y las fiestas 2022 en su honor.
Esperan que este viernes 18 y sábado 19 de noviembre del 2022 acudan a la romería cerca de un millón de fieles, tomando en cuenta que los dos años anteriores no se pudo realizar la caminata debido a la pandemia. Y los comerciantes están calentando motores.
El 5 de noviembre, algo más de un millar de vendedores se ubicaron en la plaza y en las calles principales de esta bulliciosa parroquia.
Según Rosa Simbaña, presidenta del GAD Parroquial, noviembre es un mes en el que el comercio se activa debido a la llegada masiva de turistas nacionales y extranjeros.
Calcula que hay cerca de 1 500 comerciantes, de los cuales 600 están regularizados. Admite que todos necesitan trabajar, pero reconoce que la parroquia no tiene capacidad para recibir más. Pide al Municipio que ya no se autorice a más gente y haya mayor control.
Son comerciantes históricos. La mayoría heredó el oficio de sus padres y lo ejerce por más de 20 años. Han visto pasar la vida desde esa plaza y creen en los milagros de la Virgen. Ellos mismos dicen que le deben su trabajo, porque gracias a ella llevan comida a sus casas.

Yolanda Quinchiguango
Prepara cosas finas junto a la plaza central
“A mí, la Virgencita me da de comer. A pesar de que la pandemia nos golpeó durísimo, la fe en ella nos mantuvo en pie. Yo vendo fritada, papas con cuero, cosas finas y empanadas, desde hace 28 años, pero en 2020 dejé de trabajar. Nadie venía a la iglesia, ¿a quién íbamos a vender? Soy de la Asociación 10 de Marzo y antes trabajábamos todos los días, pero hoy solo salimos sábados y domingos. Desde hace cinco meses nos reactivamos. Ojalá todo mejore este mes”.
María Valdiviezo
Oferta huevitos chilenos
“Vendo los chilenos frente a la iglesia de la Virgencita desde hace 10 años. La familia de mi esposo es la que los prepara. Cinco huevitos se venden por un dólar y un sábado normalmente vendo 50 paquetes. El mejor día es domingo, porque llega más gente a hacer bendecir los carros. Ahí salimos como 15 ‘chileneros’, y para todos hay clientes. Este mes es muy bueno. Cuando hay la caminata compramos tres quintales de harina. Entre mi esposo y yo sacamos USD 600 al mes”.
María Chacoguasai
Sombrerera
“He pasado toda la vida vendiendo sombreros en esta plaza. Tengo 53 años y empecé antes de cumplir 18. Tengo todos los permisos que necesito, por lo que los municipales no me molestan. También pago USD 60 de patente cada año. Yo vivo en Quito y todos los días salgo de mi casa a las 05:20 y me demoro unas dos horas en llegar acá. Es sacrificado, pero lo hago porque hay buena venta. Este trabajo es una bendición, con él crié a mis 5 hijos. Además, de paso, oigo misa”.
Juan Galarza
Fotógrafo
“Hace muchos años, el negocio de tomar fotos sobre el caballito a los visitantes era bueno, pero ya no. Los celulares nos han bajado el 80% de los clientes. Empecé hace 35 años, hoy tengo 62 y sigo aquí por tradición. Cobro USD 2,50 por una foto profesional tamaño 4r y la entrego en 20 segundos. Puede subirse al caballo grande, a la llama o al caballito. Somos cinco familias las que nos dedicamos a esto en la plaza, y al día yo hago máximo 15 fotos. Antes tomaba hasta 50”.
Kevin Quishpe
Comerciante de huevos de codorniz
“Empecé a vender huevos cocinados a los 8 años. Desde niño le ayudaba a mi mami. Aprendí del negocio y me independicé. Ahorita tengo 20 y yo hago todo: compro la caja de huevitos en el sur de Quito a USD 35. Los traigo crudos, con cuidado, para que no se rompan; en el día, conforme voy vendiendo, les voy cocinando y pelando. Vendo a USD 0,50 los cuatro huevitos; también ocho a USD 1. Al día logro vender los 500 huevos que vienen en la caja”.
María Quijos
Expendedora de globos
“Toda la vida he vendido globos en la plaza central. Empecé de chiquita, hace más de 30 años. Aquí le ayudaba a mi mami. Ambas vendíamos los globos antiguos, ahora tengo de aluminio. Yo tengo 42 años y vivo en Guamaní, en Quito, pero vengo a trabajar acá porque hay bastantes turistas. Salgo de mi casa a las 05:30 y regreso en la noche, pasadas las 20:30. Cuando me va bien, un domingo vendo hasta 60 globos, pero otros días no vendo ni 20. Con esto crié a mis dos hijos”.
Renata Garzón
Elabora granizados de coco, naranja y tamarindo
“Hace 10 años me dedico a vender jugos. La pandemia nos fregó, pero poco a poco todo está regresando a la normalidad. Dando gracias a Dios y a la Virgencita, este lugar es bien turístico. Ahorita, cuando me va bien, logro vender hasta USD 50. Tengo para todos los bolsillos: hay jugos de USD 0,50 a USD 1. De eso me quedan líquidos USD 15. El problema es que el azúcar y el coco están bien caros. En mi familia todos somos devotos de la Virgencita; gracia a ella estamos sanos”.
Mariana de Jesús Toapanta
Vende aparatos para hacer burbujas
“Lo más bonito de mi trabajo es ver cómo los niños se emocionan con las burbujas. Siempre me pongo en la plaza central para aprovechar la gente que viene a la iglesia. Tengo 47 años y desde que era adolescente empecé a vender; llevo más de 32 años en este lugar. Ahora está mala la venta; a veces regreso a casa ni con USD 10 al día, pero en relación con lo que pasó en la pandemia estamos mejor. Pasé un año sin salir a vender; menos mal mi esposo es albañil y él trabajó”.
Ivonne Villarroel
Prepara Dulces tradicionales
“Vendo melcochas de sabores, dulces de guayaba, caramelos tradicionales y más golosinas desde hace 30 años… Las ventas han bajado, pero gracias a Dios sale para poder pagar la renta. A mi familia no le falta la comida trabajando duro desde las 07:30 hasta las 19:00. En un día bueno logro vender hasta USD 60, pero hay días malos, entre semana, en que no vendo ni USD 20. Lo que nos mantenía era la romería; ahí vendía hasta el triple, pero se suspendió por dos años”.
Juana Toapanta
Comercializa artículos religiosos
“Yo vivo de la Virgencita. Me dedico a vender velas, estampitas, adornos y llaveros desde hace más de 50 años. Tengo 66 años y soy fundadora de la Asociación Pequeños Comerciantes de objetos religiosos Virgen de El Quinche, a la que pertenecemos 24 señoras. Hace años vendía bien, pero ahora es diferente, peor desde la pandemia. Ahora solo salgo los sábados, domingos y feriados. En un buen día vendo USD 20 por la competencia, pero al menos vendo un poco”.
Marcelis Mendoza
Oferta obleas
“Creo que soy la más nueva de las vendedoras. Llegué a la plaza hace menos de un año, pero no me quedo fija aquí; me voy caminando por todo el pueblo. Con este trabajo mantengo a mi mamita y a mis hermanos. Soy devota de la Virgencita y es gracias a ella que tengo trabajo. Cuando me va bien, un sábado, llego a vender dos paquetes de obleas; cada uno trae 40 unidades. Cuestan USD 075 y USD 1. La venta mejora el fin de semana, cuando la gente llega a la iglesia”.
Marlene Brito
Expende imágenes religiosas
“A mí, la Virgencita me ha hecho un montón de milagros. Una vez que tuve un aborto espontáneo y me dio hemorragia. Los médicos del Hospital de Yaruquí ya no me daban esperanzas de vida. Me llevaron casi desmayada en un ambulancia. Yo me entregué a la Virgencita y ella me salvó. Tengo 44 años y desde hace 25 me dedico a esto. Vendo imágenes de la Virgen, del Niño Jesús, de santos. Un niño de fibra de vidrio sale en USD 70 con vestidito incluido; en cerámica, hasta en 48”.
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