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Quito marcó una tendencia definida en la consulta popular y el referendo del 16 de noviembre del 2025. Según el Consejo Nacional Electoral (CNE), con el 97,8% del escrutinio, la capital apoyó únicamente la reducción del número de asambleístas. En las otras tres preguntas, el No registró ventajas claras.
El sistema del CNE muestra los siguientes porcentajes:
El CNE registra 6 154 actas por pregunta y entre 6 007 y 6 024 actas validadas, lo que consolida la tendencia con 97,8% de escrutinio en el cantón.
Las parroquias urbanas y rurales repitieron el mismo patrón:
Zonas como Iñaquito, La Mariscal, Chillogallo, Quitumbe, Calderón, Tumbaco, Conocoto y Guápulo mantuvieron esa tendencia. No hubo parroquias que invirtieran ese comportamiento.
El analista Pablo Romero sostuvo que el único triunfo del Sí, en la reducción de asambleístas, responde al malestar acumulado con la función legislativa. Quito convive con la dinámica del poder político y, según el experto, siente de manera más directa el desgaste de la Asamblea.
Romero describió este voto como emocional, impulsado por el hastío hacia los asambleístas y por la percepción de una institución distante y poco efectiva.
El analista Rafael Silva coincidió en que la capital votó desde la desconfianza. Según él, parte del electorado reaccionó con cautela frente a propuestas que consideró de alto impacto. Identificó tres factores clave:
Silva agregó que muchos ciudadanos no sintieron que las preguntas respondían a sus urgencias diarias, como seguridad y economía. Para él, el No funcionó como un freno y como un mensaje directo al Gobierno: avanzar, pero sin acelerar procesos que generen incertidumbre.
Silva destacó que el No, no tuvo liderazgo político. Según su lectura, fue un voto “huérfano” impulsado por sectores sociales, académicos y ciudadanos, más que por figuras partidistas. Esto refuerza la idea de un electorado que decidió desde su percepción personal, sin alinearse con una fuerza política organizada.
Quito reflejó el clima nacional: apoyo puntual a la reducción de asambleístas y rechazo a las demás propuestas. Los resultados muestran una ciudad que exige cambios, pero que también evalúa con cautela las decisiones del Gobierno.
Para los analistas, el comportamiento de Quito envía un mensaje claro: la ciudadanía quiere reformas, pero no quiere saltos sin claridad ni certezas.
