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La violencia estuvo ya advertida

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Esteban Ávila  Coordinador Twitter: @estebanavila

Wikileaks tuvo la primicia. En diciembre del 2009, cuando Brasil todavía celebraba la designación de la FIFA como sede de la Copa del Mundo del 2014, la embajada de Estados Unidos en Brasilia envió a su gobierno en Washington un cable donde informaba que el gobierno, por aquella época presidido por Lula da Silva, cayó en cuenta del desafío enorme de organizar un evento de la magnitud de la Copa del Mundo.

“Caer en cuenta” significaba que el poder público brasileño asumía la posibilidad que eventos violentos (cuyo espectro contempla desde ataques terroristas hasta confrontaciones entre grupos de hinchas”.

En el cable, la embajada hacía la siguiente reflexión: “es típico de Brasil centrarse en el panorama general y dejar los detalles para el último minuto, pero eso puede acarrear problemas”. Así mismo fue.

Con el pretexto del aumento en las tarifas de transporte, el año pasado estallaron las primeras protestas en Brasil. No pudieron tener un mejor palco: la Copa Confederaciones, una especie de ‘mini Mundial” y tubo de ensayo para la organización de la Copa del Mundo.

Quienes estuvimos en esa Copa Confederaciones fuimos testigos de episodios desbocados de violencia, de calles tomadas no solamente por quienes tienen el legítimo derecho de exponer su inquietud por el elevado gasto público en el que incurrió su gobierno para armar un evento deportivo. Estaban también aquellos que tienen la violencia extrema y el caos como objetivo.

Hasta hoy, salvo ciertos brotes en Sao Paulo, antes de la inauguración, Brasil no ha soportado cruentos episodios como los de junio del año pasado. Hay paz, pero quedó en evidencia que, cinco años antes del Mundial, los hechos ya estaban previstos y no se tomaron las medidas del caso.