10 de septiembre de 2019 00:00

Enrique Ponce y Juan Bautista, en tarde inolvidable, triunfo histórico

El gran maestro Enrique Ponce brinda un toro en la emotiva despedida de este gran torero y empresario francés que es Juan Bautista Jalabert. Foto: Agencia EFE

El gran maestro Enrique Ponce brinda un toro en la emotiva despedida de este gran torero y empresario francés que es Juan Bautista Jalabert. Foto: Agencia EFE

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La despedida de los ruedos de Juan Bautista, uno de los grandes toreros que haya dado Francia, fue por todo lo alto.

El marco inmejorable de una joya arquitectónica como la plaza de Arlés, la feria de la que Juan Bautista Jalabert es su empresario, una corrida goyesca y el mano a mano con Ponce eran el telón de fondo.

Lo demás quedará para la historia, desde los himnos de España y La Marsellesa entonados con virtuosismo hasta el arte del toreo que afloró de esos dos grandes maestros.

Porque si Enrique Ponce es uno de los mejores toreros de este tiempo y figura de época, para Francia, Juan Bautista es de los más grandes que haya dado al mundo esta sabia y respetuosa afición gala.

Ambos pasearon nueve orejas y dos rabos, una cifra que no alcanza a expresar el sentimiento, arte y torería volcados sobre la arena de Arlés.

Para el acontecimiento se seleccionaron toros de Núñez del Cuvillo, Garcigrande, Adolfo Martín, La Quinta (vuelta al ruedo), Juan Pedro Domecq (vuelta) y Vegahermosa (indultado).

Enrique Ponce, dos orejas, silencio y dos orejas y rabo. Juan Bautista, oreja, dos orejas y dos orejas y rabo simbólicos.

Mica Cressenty dice en Mundotoro: “Se va Juan Bautista, pero su toreo se queda. Se queda en la memoria de los aficionados y también dentro del propio torero, porque aún le queda mecha para dictar unas cuantas lecciones más. Así quedó reflejado en la goyesca de esta temporada, un espectáculo histórico (uno de los festejos más exitosos del año) en el que se dos toros fueron premiados con la vuelta al ruedo, a otro se le perdonó la vida, y en el que Ponce se sumó a la fiesta con dos actuaciones portentosas. Pero hoy el protagonista estaba más cerca de casa, y al calor de sus paisanos, esos que le alentaron y le exigieron a partes iguales, Juan Bautista se retiró de las arenas. A lo grande, como su toreo y su trayectoria. ¡Enhorabuena torero!

El anfiteatro de Arlés se llenó hasta las últimas piedras para presenciar ese doble evento: el regreso de Ponce a Francia y el adiós del anfitrión Juan Bautista. Muy emotivo fue el brindis del valenciano al arlesano pero más emotivo todavía resultó la faena que firmó el maestro de Chiva. Cuajó de principio a fin a un excelente animal de Núñez del Cuvillo, cuyas embestidas fueron dulzuras exquisitas. Con la plaza entregada, Ponce firmó tandas importantes fueron sobre todo por la diestra. Triunfo inapelable para abrir la tarde a lo grande.

La Quinta es una de las ganaderías predilectas de Juan Bautista. La alquimia volvió al anfiteatro: 2 orejas”.

El Juan Pedro que hizo de quinto fue de nota alta, se comió a los engaños con una clase descomunal. Con esa materia prima, Ponce bordó el toreo una vez más y ya van casi tres décadas. Acarició con su suave muleta las embestidas. Las poncinas finales remataron su obra. Dos orejas y rabo y vuelta al ruedo al de Juan Pedro.

Al sexto de Vegahermosa Juan Bautista lo lució en todos los tercios. Brindó su labor al cielo, en homenaje a su padre A las boyantes embestidas del de Vegahermosa, Bautista ofreció una suave y firme muleta. El público en delirio reclamo con insistencia el perdón de la vida del toro. Se va un torero que ha escrito unas de las páginas más importantes del toreo galo en total plenitud”.

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