2 de abril de 2019 00:00

La natación es terapéutica para siete paralímpicos

La quiteña Melanie Tobar, de 24 años, durante uno de sus entrenamientos matutinos en la piscina olímpica del sector Miraflores, en el centro norte de Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

La quiteña Melanie Tobar, de 24 años, durante uno de sus entrenamientos matutinos en la piscina olímpica del sector Miraflores, en el centro norte de Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Álex Puruncajas
Redactor (D)

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Sus cuerpos se mueven armoniosamente sobre el agua de la piscina olímpica del sector de Miraflores en Quito, mientras afuera el ruido de pitos y motores alborota a los peatones y a los conductores del mediodía.

Alejados del ruido, siete nadadores élite del club Samín se entrenan para mejorar su rendimiento y ser escogidos para torneos paralímpicos internacionales.

Su entrenador, el venezolano Alejandro Loayza, les da breves indicaciones, mientras sus padres los observan desde una ventana de un piso superior.

Los nadadores, de entre 16 y 24 años, son el orgullo de sus progenitores. Nacieron con discapacidades intelectuales y síndrome de Down. El agua se convirtió en su terapia para superar dolencias físicas y hacer amigos fuera de casa.

Con la natación, participaron en selectivos nacionales y en competencias en Colombia y Brasil. Ahora, se alistan para el Selectivo Nacional de Cuenca, entre el 25 y 27 de abril. Luego, vendrán los Juegos Nacionales y los Parapanamericanos de Lima (en julio).

Desde la izquierda: Gabriela Chillagano, Daniel Larco, Nicole Núñez, Melanie Tobar, Nelson Sarango,  Doménica Guerra y Vanessa Gordón, nadadores del club Samín. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Desde la izquierda: Gabriela Chillagano, Daniel Larco, Nicole Núñez, Melanie Tobar, Nelson Sarango, Doménica Guerra y Vanessa Gordón, nadadores del club Samín. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Daniel Larco nació hace 17 años con un desvío en la columna, que le originaba dolencias. A sus 5 años había dos opciones para ayudarlo: masajes diarios o natación.

Edwin Larco, padre del nadador paralímpico, optó por el agua y ahora está satisfecho. Daniel no tiene dolores y es especialista en el estilo pecho.

“Traerle a la piscina fue lo mejor. Le ayudó a oxigenar el cerebro y a quitarle los dolores de la columna”, dice el padre.

Usando una gorra blanca y gafas, Daniel sale del agua para saludar con el entrenador Loay­za, quien le ayuda a desen­volverse con sus compañeros. Habla con emoción de sus logros, aunque tiene dificultades para articular las palabras. Cuenta que fue a Guayaquil, Cuenca y Colombia con el grupo Samín y se divierte con sus compañeros.

Daniel Larco se entrena en la piscina olímpica del sector de Miraflores, en el centro norte de Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Daniel Larco se entrena en la piscina olímpica del sector de Miraflores, en el centro norte de Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Daniel se vinculó al club hace dos años, cuando coincidió con los integrantes del grupo en una competencia en Colombia.

Antes formaba parte de la Fundación Eina. Ahora se ejercita con ahínco para llegar a ser seleccionado.

En la piscina de Miraflores, cubierta con techo de zinc, el sol pega muy fuerte. Cuando los deportistas salen de la piscina, las gotas de agua ruedan por sus trajes.

Nicole Núñez, de 16 años, se limpia el agua con la mano y busca a su madre Jenny Aguas, quien es la representante del club paralímpico que nació hace cinco años.

Daniel Larco, se entrena en la piscina olímpica del sector de Miraflores, en el centro norte de Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Una de las nadadoras de élite del club Samín, se entrena en la piscina olímpica del sector de Miraflores, en el centro norte de Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Nicole es la menor del club y una de las más animadas. Su progenitora explica que una especialista en motricidad le recomendó que buscara terapias físicas en su niñez.

Nicole contó con terapias de lenguaje y estimulación para superar sus dificultades para comunicarse. “Hubo pocos progresos y la llevamos a la piscina y se volvió más segura”, expresa su progenitora.

Aguas solicita apoyo de empresas privadas para financiar a los deportistas en sus competencias. Los padres de los paralímpicos pagan USD 60 mensuales para el salario del entrenador. Practican sin costo en la piscina que pertenece a la Concentración Deportiva de Pichincha, pero precisan dinero para sus gastos de indumentaria y sus viajes a los campeonatos.

Para el entrenador Loayza, el mérito de sus dirigidos está en su disciplina para entrenarse tres horas, entre lunes y sábado. “Cuando llegan son introvertidos, pero luego aprenden a desenvolverse. Ellos son muy honestos con sus sentimientos y no tienen la malicia de otras personas”.

Nelson Sarango, de 20 años, es uno de los más ‘duros’. Está preseleccionado para el equipo ecuatoriano y su gran sueño sería nadar en los Paralímpicos de Tokio 2020. “Estaba en la casa sin hacer nada y le dije a mi mamá que me lleve a nadar y así empecé”, relata motivado sobre sus inicios. A su edad, ya ha participado en pruebas de aguas abiertas en el lago de Yahuarcocha y en São Paulo (Brasil).

Los nadadores élite del club Samín se entrenan en la piscina olímpica del sector de Miraflores. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Los nadadores élite del club Samín se entrenan en la piscina olímpica del sector de Miraflores. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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