11 de diciembre de 2019 13:00

Martínez Borja, el ariete que obligó a Liga a jugar a ras de piso

Cristian Martínez Borja durante el entrenamiento de Liga de Quito, el 3 de diciembre del 2019, en Pomasqui. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Cristian Martínez Borja durante el entrenamiento de Liga de Quito, el 3 de diciembre del 2019, en Pomasqui. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Pablo Campos

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Al cuerpo técnico de Liga, liderado por Pablo Repetto, le gusta tener a dos jugadores por puesto. Pero esta temporada llegó a tener sobrepoblación de futbolistas en la posición del nueve: Juan Luis Anangonó, Rodrigo Aguirre y Cristian Martínez Borja, en ese orden aparecían como los arietes del equipo.

A Repetto le gusta jugar con único nueve, por lo cual al colombiano Martínez, de 31 años, le tocó calentar banco durante largas temporadas. Pese a ello, el jugador gozaba de la confianza del cuerpo técnico, que no dudó en dar el sí, cuando la dirigencia le preguntó si es que había que renovarle el contrato hasta finales del 2020.

Anangonó se fue al fútbol de China y luego Aguirre se adueñó del puesto hasta el primer partido de cuartos de final de los ‘playoffs’ ante Universidad Católica, cuando perdió la cabeza e insultó al juez Marlon Vera lo que le ocasionó una suspensión de tres meses.

Entonces, a Martínez Borja le tocó el momento de salir y demostrar. Su actuación en las semifinales ante Aucas fue tan contundente que en la tienda alba, dirigentes y cuerpo técnico se felicitan mutuamente por haber confiado en el ‘parcero’, como conocen a Martínez en la concentración alba.

El delantero lleva cinco goles en 24 partidos del Campeonato. En la Copa Ecuador lleva tres tantos en siete partidos y en la Libertadores marcó dos tantos en cuatro partidos. Su incursión como atacante titular modificó la forma de atacar de los universitarios. Con el ‘Negro’ Aguirre, el equipo tenía a un delantero que ocupa bien los espacios y que sabe capitalizar los centros aéreos y está siempre previsto al choque con los adversarios. Con Martínez Borja, el equipo entró en otra dinámica, según reconoció el mismísimo Antonio Valencia. “Con Cristian jugamos más con la pelota al pie. No buscamos tantos centros, sino que buscamos llegar tocando”.

El colombiano se forjó en el fútbol de salón en su natal Chobcó. Esa formación es definitiva para entender su buena capacidad con el esférico, pese a sus 174 libras y 79 kilogramos. Es un jugador corpulento que entra y sale del área, que gira bien y que tiene buen golpeo del balón con sus dos piernas. Con él como nueve, Liga sueña con salir airoso, en la serie final ante Delfín.

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