14 de marzo de 2020 00:00

Pietro Marsetti se divierte jugando en el torneo de exglorias

Pietro Marsetti jugando uno de los partidos que se desarrollan en el torneo del Parque Inglés. Foto: Archivo EL COMERCIO

Pietro Marsetti jugando uno de los partidos que se desarrollan en el torneo del Parque Inglés. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Evelin Caiza

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Entre la llovizna del mediodía del pasado sábado 7 de marzo, en el Parque Inglés, un hombre alto (1,80 m), robusto y de expresión jovial se aproxima -con camiseta blanca, pantaloneta de Liga Deportiva Universitaria (LDU) y una maleta- a la cancha de fútbol. Se trata de la exgloria de los albos, Pietro Marsetti.   

En este escenario, frases que denotan triunfos, derrotas, goles, nombres de equipos y de sus jugadores se escuchan, cerca de las 12:00, hora en la que se desarrolla un cotejo, como parte de un torneo barrial.

Pietro observa con calma los partidos y está dispuesto a dialogar hasta las 13:45, hora en la que se enfrentará con el equipo de San Carlos, en este torneo. Además de trabajar con su padre en una fábrica textil, el exfutbolista juega de forma amateur y por diversión.

Aquí también participan exglorias de la Universidad Católica y, al comentarlo, recuerda su debut y despedida en el fútbol profesional ecuatoriano. Lo hizo en ese club, donde se inició en 1983 y se despidió en el 2002.

Cuatro años más tarde, en 1987 fue fichado por el equipo al que hizo brillar en los años 90, cuando ganó el campeonato ecuatoriano de fútbol.

Su memoria trae con detalles los partidos vibrantes que jugó, los entretelones y sus amigos. Señala que en este deporte no todo es bueno, pues hay enemistades, desacuerdos, incumplimientos y deudas, entre otros sinsabores, pero prefiere obviarlos. Se queda con el recuerdo del equipo humano y de amigos que formaron en LDU en ese tiempo.

Entre dichas diferencias figura Esteban Paz -hijo de Rodrigo Paz- debido al desacuerdo en los contratos y la lucha de Marsetti por mejorar la condición del jugador nacional.

“Había jugadores extranjeros que no cumplían las condiciones ni el rendimiento; aun así, los honorarios eran más altos”, manifiesta. No obstante, sobre su relación con los Paz, concluye reafirmando el agradecimiento hacia el club que lo acogió por 10 años.

“Actualmente apoyo a todos los clubes y disfruto del buen juego”, resalta, ya que además pasó por El Nacional en 1994, por el Deportivo Quito en 1996 y por el Delfín en el 2000.

No fue muy selectivo en sus amistades pero sí estrechó fuertes lazos con exfutbolistas como Danilo Samaniego, César Mina, Mauricio Argüello o Carlos Enríquez, con quienes compartió camerinos, cancha y equipo en la Católica.

Al tratar de seleccionar alguna anécdota vivida en estos clubes, se toma las manos, pierde la mirada y se queda pensativo. Y dice: “Fueron muchas”. Lo que más recuerda con cariño es cuando llevaba a sus tres hijos a los entrenamientos.

A pesar de esto, ninguno de ellos siguió sus pasos en el fútbol; optaron por estudiar Lenguaje, Psicología y Nutrición.

Dos títulos universitarios y cinco trabajos fue lo que Marsetti consiguió en el momento de retirarse del fútbol. Se graduó en Electrónica y en Administración de Empresas.

Además, impartió clases de balompié en el Colegio Americano de Quito, en La Bombonerita y en Los Arrayanes. También abrió unas cabinas telefónicas y ayudaba a su padre a elaborar roles de pago.

Quiso seguir en el fútbol. Estudió dos años la carrera de entrenador en la Federación Peruana. Revela que el Deportivo Quito le hizo una propuesta para unirse a sus filas, pero no como futbolista sino como gerente deportivo; no aceptó.

La hora del partido en el parque Inglés se aproxima, por ello Pietro debe ir a calentar, caso contrario el equipo de LDU será derrotado como en su primer partido, cuando cayó 2-1 ante El Nacional. Ingresa a la cancha y muestra su técnica que le hizo triunfar en el fútbol profesional.

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