27 de mayo de 2019 00:00

Margaret Toroitich vive del atletismo

Toroitich realiza un ejercicio de estiramiento en la pista de Chimbacalle. Foto: Álex Puruncajas / EL COMERCIO

Toroitich realiza un ejercicio de estiramiento en la pista de Chimbacalle. Foto: Álex Puruncajas / EL COMERCIO

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Álex Puruncajas
Redactor (D)

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El dinero que Margaret Toroitich gana en las competencias atléticas en países de América le sirve para mantener a su hija Phylis, de 21 años, y su nieto Jason, de dos años y medio.

Una parte de los premios económicos que obtiene también los envía a Kenia para su padre Clerono Toroitich y su hermano Jeruto, quien tiene una discapacidad intelectual.

Su hija y su nieto, a quien ya le empieza a gustar el fútbol, viven con ella en Panamá. Su progenitor y su hermano en cambio están en Eldoret, Kenia, donde han nacido campeones mundiales y donde la atleta dio sus primeras zancadas recorriendo descalza kilómetros para ir a la escuela.

Margaret tiene 39 años. Hace 18 salió de su país para competir en pruebas internacionales para ganarse la vida.

Unas trenzas afro, teñidas de rojo, la distinguen entre los corredores de la pista de tierra de Chimbacalle, donde se prepara por estos días. Ahí se alistan atletas para la Quito Últimas Noticias 15K. Cuando se acercan a saludarla, ella muestra una amplia sonrisa que deja ver la falta de un diente incisivo.

La africana vino a vivir a Quito en agosto del 2015 por una invitación de Franklin Tenorio. Decidió radicarse por la altitud de la ciudad, ideal para su preparación para ganar en pedestres de Estados Unidos, México, Trinidad y Tobago, Puerto Rico, Colombia y Perú.

A 2 850 metros, obtuvo un gran nivel que le permitía trepar a los primeros lugares de los podios internacionales. Sin embargo, hace dos años fue a Panamá y se quedó ahí.

Su hija Phylis la fue a visitar en Panamá hace dos años por una carrera y le gustó el país, tanto que se quedó. Entonces, la fondista decidió radicarse para ayudar a su heredera en su naturalización. Su hija quiere tener en regla sus documentos para conseguir trabajo.

Panamá ahora es su ‘base de operaciones’ para desplazarse a cualquier país de América, aunque siempre le gusta venir a la capital por la altitud. “Solo en Quito, Huancayo y Bogotá, por la altitud, puedo prepararme bien”, expresa la atleta con algo de dificultad en español. Antes le resultaba difícil comunicarse con los latinos, pero la convivencia le ha permitido mejorar con el aprendizaje del idioma.

Margaret no tiene entrenador. Se ejercita sola en Chimbacalle, Cumbayá y en el Parque Metropolitano.

Siempre tiene en la mira los primeros lugares de las carreras, que otorgan premios de USD 2 500, en adelante. “El atletismo me sirve para pagarme los pasajes, para el arriendo de mi casa en Panamá y para ayudar a mis familiares en Kenia”, repite la corredora que el año pasado se impuso en la Quito Últimas Noticias.

Antes de esa prueba del 2018, intentó ganarla en tres ocasiones, pero no tuvo fortuna. La primera vez terminó cuarta. Después, sufrió un calambre que le impidió llegar al podio. Posteriormente, fue segunda.

Eso hasta que, en el 2018, luego de una gran adaptación a la altitud de la capital llegó primera en la carrera más importante del país, al dejar en el camino a la peruana Gladys Machacuay y a la ecuatoriana Jéssica Paguay.

Machacuay es, precisamente, su adversaria a vencer en la edición de este año, que se cumplirá el domingo 2 de junio. Ambas participaron en una prueba de en Lima, donde se impuso la anfitriona.

La keniata conoce que su rival sufrió una lesión, pero dice que eso no es suficiente para tener más opciones. “Depende cómo una se levanta para ganar la carrera. A veces, el clima y las lesiones también influyen”.

Eso sí, considera que en estos días mejorará su velocidad. Su referencia es el tiempo que impone al dar la vuelta en la pista de Chimbacalle, donde el martes hizo 1 minuto 25 segundos. Sabe que esta semana podría marcar 1 minuto 12 segundos.

Eso la alienta para dejar su huella en la 15 K con un bicampeonato, pero sobre todo con ganar el premio para sostener a sus familiares.

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