3 de August de 2012 13:52

Las madres son un soporte para los atletas especiales de Santo Domingo

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Las madres de los deportistas se emocionaron. ¡Tú puedes, tú puedes!, gritaban cerca de la piscina del Estadio Olímpico Tsáchila.Motivaban a sus hijos para que llegaran primeros. 13 participantes compitieron el 20 de julio pasado, por un cupo para las Olimpiadas Especiales Nacionales. El torneo se realizará en octubre.

Carmela Cabezas, de 19 años, es una de las deportistas. Ha participado en representación del país en Colombia, Puerto Rico, Venezuela, Cuba y Perú.

Amanda Sevillano, madre de Carmela, fue su primera maestra y entrenadora. Le enseñó a nadar en el río Cayapas (norte de Esmeraldas), cuando tenía 2 años.

Desde entonces la acompaña en las competencias y entrenamientos. Amanda Sevillano trabaja en una empresa pública. Gana USD 239, con los descuentos.

La joven deportista compite desde los 11 años. Tiene 57 medallas, 50 por competencias de atletismo y siete por natación.

Como ella, Byron Chiliquinga también ha conseguido triunfos. En las Olimpiadas Especiales Atenas 2011, por ejemplo, obtuvo una medalla de oro. Fue campeón en los 100 metros planos.

Los dos son parte de los 40 deportistas que fueron seleccionados, entre el 19 y 20 de julio pasado, por la Fundación Olimpiadas Especiales de Santo Domingo, para participar en la competencia que arrancará en octubre.

Según Johanna Cedeño, viceprefecta, existe un presupuesto de USD 50 000 para la organización. El dinero sirve para el pago de entrenadores, uniformes, traslado de los deportistas...

Según Byron Sandoya, director provincial de la Fundación Olimpiadas Especiales, el objetivo es apoyar a los deportistas con capacidades diferentes. “De esta manera ellos sentirán que realmente son parte de la sociedad”.

Los deportistas de baloncesto femenino y fútbol se eligieron en las canchas de la escuela Madre Laura. En los partidos, las señales que hacían con sus manos eran su única forma de comunicación, pues tenían, en algunos casos, problemas auditivos o de lenguaje.

Las barras, en su mayoría integradas por familiares, pusieron el toque festivo a los cotejos.

Para Cabezas, cada competencia es un logro en su vida. “Me siento muy feliz de representar a mi país. Pero sin la ayuda de mi madre nada hubiese logrado”. Ella le acompaña desde hace ocho años en cada entrenamiento. Ha sido su sostén en los triunfos, pero también cuando ha tenido que salir de la piscina sin medallas.

Rocío Vásquez conoce de ese vínculo. Su hija, Carla Lugo, de 11 años, tiene deficiencia intelectual. Su afición es nadar. Aún no ha competido profesionalmente, pero se entrena para que en algún momento pueda ser parte de la selección de Santo Domingo.

Sevillano confiesa que esta etapa es difícil, porque se debe trabajar duro y superar estereotipos.

“Cuando ellos comienzan a entrenar, piensan que ya van a competir. A las madres nos queda consolarlas y apoyarlas”.

La clave del triunfo es tener perseverancia. Cabezas, a sus 20 años, cursa el quinto año de educación básica en la escuela Nuevo Ecuador. Según su madre, en otros planteles educativos no la querían recibir a causa de su discapacidad. Tiene parálisis facial. Pero tanto en la pista como en la vida ha demostrado que no hay límites para alcanzar las metas.


Los competidores

400 niños con capacidades diferentes, de ocho fundaciones e instituciones de Santo Domingo de los Tsáchilas, se presentaron a dar las pruebas para las Olimpiadas Nacionales.

15 deportistas de atletismo; dos de tenis de campo; tres de gimnasia, dos de natación, dos de ciclismo, seis de fútbol, seis de baloncesto, conforman el grupo de los seleccionados.

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