16 de mayo de 2019 00:00

Jaime Castillo, de héroe del Cenepa a maratonista

Jaime Castillo utiliza una prótesis de fibra de carbono. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Álex Puruncajas. Redactor (D)

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La mina antipersonal explotó y le destrozó la pierna derecha. Jaime Castillo, subteniente de las Fuerzas Armadas, se vio con los huesos rotos y una abundante hemorragia.

Por instinto, se sacó la pañoleta de la cabeza y la amarró en la herida como un torniquete. Su ‘body’, Raúl Zapata, estaba a 10 metros. Arriesgándose a otra explosión, su compañero se acercó para sacarlo de la zona. Lo cargó y lo puso a salvo.

Ambos pertenecían al Batallón 61 del Ejército Ecuatoriano, que custodiaba Etsa, en Morona Santiago. Esa mañana de junio de 1995 habían salido a verificar si existían minas sin percatarse del riesgo inmediato. Eran 500 hombres en el Batallón. Las escaramuzas de la guerra del Cenepa con Perú persistían, pese a que ya se había declarado la paz.

El quiteño pensó que no volvería a caminar jamás tras la explosión. 23 años después acumula siete maratones recorridas, ascensos a cumbres como el Cayambe, dos triatlones e, incluso, competencias de paracaidismo en Tailanda, en el 2004. ‘Botarse al vacío’ es otra de sus pasiones, aunque ahora ya no la practica.

“Dios me cambió el destino para algo”, dice al recordar su incidente el ahora teniente coronel quiteño, de 50 años.

A él siempre le apasionó el deporte. En la Escuela Militar, donde estuvo cuatro años, representó a Ecuador en penta-tlón. Se graduó en 1993. Y, antes de ir a la guerra, participó en el Sudamericano de Penta-tlón Militar (octubre de 1994, en Colombia) y un Mundial (noviembre de 1994, en Brasil).

Al final de ese año, le dieron el ‘pase’ al Batallón 61 donde su práctica por el deporte se interrumpió por un tiempo. A los seis meses de su amputación, ya tenía una prótesis, pero sufría dolores y sangrado. Veía a otros amputados que caminaban y se preocupaba.

Tardó un año en caminar. Pero considera que ese tiempo le fortaleció.“Corro sin problemas. Ya no tengo heridas. El muñón ya está hecho callo”, expresa entre sonrisas luego de una práctica en el parque La Carolina, donde se entrenan centenares de atletas para la Quito Últimas.

La nueva edición de esta carrera, el 2 de junio, es su próximo reto. Le tiene un aprecio especial.“También ha marcado mi vida. La corrí antes de la amputación, con la prótesis y, ahora, en mi época amateur”.

Castillo tiene una prótesis de fibra de carbono debajo de su rodilla, que la fabricó David Krupa, de ROMP, una organización que se encarga de proveer de estas implantaciones a personas de escasos recursos.

Se la quita solo antes de dormir y cuando debe practicar natación, disciplina del triatlón. Incursionó en el Ironman en el 2017, en Manta.

“El deporte para mí ha sido una forma de sentirme vivo”, expresa cuando se le consulta sobre su disciplina para entrenarse. “Quizás en algo puede servir para que los jóvenes me vean y no se pongan límites”.

La primera vez que corrió, tras la amputación, fue en la Espe, donde cursaba la licenciatura de educación física. Una de las asignaturas implicaba participar en la competencia.

Él pidió intervenir y se propuso no terminar último. Así lo hizo. Al final, se le fueron las lágrimas. Luego, vinieron las carreras de larga distancia: 3 maratones de Nueva York, 1 de Miami, dos maratones de Guayaquil y 1 de Quito.

Su primera Maratón fue en Nueva York, el 2003. Se la dedicó a sí mismo. “A mis familiares siempre les dije que estaría en un maratón y me respondían que estaba loco”, recuerda.

¿Cómo logró superar los traumas de la amputación? Se emociona cuando recuerda que Myriam Heredia, su entonces novia y ahora esposa, fue su apoyo fundamental.

Postrado en una cama tras la amputación, todas las tardes esperaba los pasos de su pareja. Ella llegó todos los días y lo incentivó. Con ella procreó a sus hijos Miguel y Dana. Son su soporte emocional.

Biografía. Nació el 10 de agosto de 1968. Formó parte del Ejército ecuatoriano en la guerra del Cenepa, en 1995

Sus logros. Obtuvo una medalla de oro en los 1 500 metros, en el Mundial de Atletismo Militar del 2013. Ha participado en siete maratones. Coronó el Cayambe, en el 2017.

El quiteño ganó la Maraton de Guayaquil del 2007.

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