27 de febrero de 2020 00:00

Hólger Quiñónez transmite su experiencia a niños y jóvenes

Hólger Quiñónez coloca los balones para la práctica de la semana pasada, que se realizó en la cancha 48 del Parque Samanes, en Guayaquil. Foto: Mario Faustos y Archivo EL COMERCIO

Hólger Quiñónez coloca los balones para la práctica de la semana pasada, que se realizó en la cancha 48 del Parque Samanes, en Guayaquil. Foto: Mario Faustos y Archivo EL COMERCIO

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Ronald Ladines. Redactor  (D) 
ronald.ladines@elcomercio.com

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Todas las mañanas, Hólger Quiñónez pide un ‘aventón’ desde el Parque Samanes hasta la Terminal Terrestre de Guayaquil. Debe estar a las 11:20 en el lugar, para comprar el pasaje del autobús que lo lleva hasta el cantón Balzar, para continuar con su trabajo como profesor de fútbol.

El ‘Piquetero’ le dedicó su vida a este deporte. Desde su retiro de las canchas, en el 2 000, decidió enseñar su técnica y fundamentos a las nuevas generaciones, como entrenador de categorías formativas.

Es coordinador y profesor de las escuelas de fútbol de la Prefectura del Guayas. Comparte su tiempo entre los alumnos de Samanes, en el norte de Guayaquil, y los que viven en Balzar, cantón ubicado a 114 kilómetros del Puerto Principal.

A las 08:00 debe estar en Samanes, su clase finaliza a las 11:00 y tras recoger los balones, pide a sus colegas que lo lleven a la Terminal, para abordar el bus de la cooperativa Rutas Balzareñas, para su segunda clase, que arranca a las 14:00.

“Ya estoy acostumbrado, tengo más de 10 años trabajando a este ritmo. Para mí es un gusto estar con los niños”, dijo el exzaguero central, que mostró su fútbol en el país, Brasil, Colombia y Portugal.

Su aspecto cambió mucho desde sus años de gloria. A sus 57 años, mantiene su bigote, pero ya no tiene su larga cabellera. La reemplazó por un corte bajo, que a la distancia disimula su calvicie.

Pese a eso, mantiene su vitalidad durante las clases. Quiñónez corre para mostrar a sus estudiantes cómo se marca una diagonal, el anticipo a los rivales, a realizar un despeje y salir jugando, con pases desde la defensa, y algunos trucos que los aplicó en su carrera.

Suele interrumpir las jugadas para realizar correcciones específicas. Mientras lo hace, los alumnos lo miran atentos, no le hace falta pedir que se queden en silencio. Aunque los niños no lo vieron jugar, sus padres les cuentan sobre el talento que mostraba el exzaguero de selección.

Marcos Aguirre inscribió a su hija en los cursos de la Prefectura, por primera vez. Él le contó a su pequeña, de 9 años, los detalles de los campeonatos que ganó Quiñónez con Barcelona, sobre su éxito en Vasco de Gama de Brasil y sus partidos con la

“A mí me habría gustado entrenarme con una figura como él, es un gusto que pueda enseñarle a mi hija”, dijo el hombre, que miraba el entrenamiento del jueves pasado, en la cancha 48 del Parque Samanes.

Quiñónez reconoce que tras su retiro de la actividad profesional se dedicó únicamente a la enseñanza en categorías menores, sin involucrarse en otros negocios alejados del fútbol. Inició en escuelas de Miami, donde se radicó luego de ‘colgar los pupos’.

Evita hablar del dinero que ahorró mientras estuvo activo. Cuenta que siempre ayudó en los gastos de su casa y también de sus hermanos, puesto que su madre murió cuando era niño y su padre, poco después de que arrancara su carrera en el Barcelona guayaquileño.

Para el ‘Piquetero’ lo más importante es su familia, tiene tres hijos (dos mujeres y un varón). Este último intentó incursionar en el fútbol, pero prefirió dedicarse a sus estudios y el año pasado se graduó como ingeniero.
“Por ahora no tengo nietos, pero a veces me siento como el abuelo de mis alumnos. Con ese mismo cariño y dedicación los trato en cada clase”, dijo entre risas el exfutbolista, que tiene entre sus proyectos futuros instalar su propia escuela de fútbol.

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