4 de agosto de 2019 00:00

Dioselina, la hija de Alejandro Cabeza, acercó al Independiente del Valle con un hospital de niños

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Mauricio Bayas

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La pequeña Dioselina Cabeza nació hace nueve meses en Esmeraldas, con problemas respiratorios. Cuando llegó al mundo su estado de salud era delicado. Su vida estaba en riesgo y tuvo que ser trasladada de urgencia a la capital.

En Quito, la niña cumplía un tratamiento costoso, en una clínica privada. Eso desgastaba emocional y económicamente al futbolista Alejandro Cabeza, delantero de Independiente.

Los compañeros del atacante del equipo de Sangolquí se fueron enterando del problema. Cabeza, a diario, recibía palabras de aliento en cada uno de los entrenamientos.

La bebé salió de la clínica y fue trasladada al hospital de niños Baca Ortiz, donde lograron estabilizar su salud. “Mi hija nació con complicaciones. Gracias al esfuerzo de todo el personal del hospital se salvó. Hoy es una niña normal y sanita, que está creciendo”, cuenta, con ternura, ‘Alejo’, como le dicen sus compañeros al ariete de 22 años. A diario, en las prácticas en el complejo de Chillo Jijón, a Cabeza le preguntaban por el estado de salud de su hija.

Francisco Quiñónez, del área de marketing del club, cuenta que en gratitud a las atenciones que recibió la hija del futbolista, Independiente del Valle decidió crear un nexo con la Fundación de Damas Voluntarias y Albergue del Hospital de Niños Baca Ortiz.

Una de las acciones fue acordar un padrinazgo de los futbolistas con esta casa de salud. Este consiste en visitas continuas de los integrantes de la plantilla a los niños que están internados en el hospital.

“Es emocionante ver la alegría de los niños. Su sonrisa es una motivación de vida para nosotros. Esas visitas que hemos hecho nos ayudan a ver la vida con otra motivación”, reconoce el jugador Efrén Mera, uno de los capitanes del club.

En el fútbol aún son incipientes este tipo de iniciativas sociales, pero, además de Independiente, otros clubes como Liga, Barcelona y la Liga Profesional están impulsando labores sociales con niños, personas con cáncer, enfermedades graves y con adultos mayores.

Diego Castro, del cuadro azucena, explicó que el club tiene la política de realizar visitas a hospitales y fundaciones con frecuencia.

Sin embargo, Independiente tiene un diferenciador. Como otra iniciativa del convenio con la Fundación, el club donó la taquilla del partido ante Unión Santa Fe de Argentina jugado en el estadio Olímpico Atahualpa (en abril), por la Copa Sudamericana.

Este partido se jugó en Quito porque la capacidad del estadio Rumiñahui (7 500 personas) no permitía ser local. La normativa de la Conmebol exige escenarios con capacidad para 20 000 personas.

En el Atahualpa, la asistencia fue buena y se logró una recaudación que superó los USD 25 000. A partir del dinero recaudado, el club descontó los gastos de programación y los rubros de impuestos con el Servicio de Rentas Internas y el Municipio quiteño.

Restados esos valores, el club entregó un cheque a la Fundación como parte del convenio y de su plan de Responsabilidad Social.

Andrés Larriva, gerente de marketing del equipo, explica que la Fundación entregó una factura por el dinero recibido de la donación, pero dijo que estos valores no tributan.

María Eulalia Guzmán, presidenta de la Fundación, fue parte del convenio. Según esta organización, los recursos se utilizan en la compra de medicinas, principalmente y alimentos para niños hospitalizados, que son de escasos recursos económicos.

En el 2016, el club también donó sus taquillas de la Copa Libertadores para los damnificados del Terremoto de Manabí. Allí se lo hizo a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Este año, Cabeza y jugadores como Cristhian Pellerano, Mera, Hamilton Piedra, participaron de una visita a los niños del Hospital donde también regalaron pelotas de fútbol y compartieron actividades.

“Es una alegría ver la sonrisa de Alejandro porque su hija está creciendo sana. Cuando la vemos en el complejo nos emociona”, admite Mera.

Ahora, cada gol que Cabeza anota lo dedica a su pequeña, una hincha más del club. Dioselina asiste a los partidos y visita el complejo donde los compañeros de su padre le prodigan mimos.

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