17 de July de 2012 15:52

El PSG rompe la hucha de los petrodólares para aspirar al paraíso del éxito

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El París Saint-Germain (PSG) no sabe de crisis y sus dueños cataríes han decidido dar un nuevo impulso a la plantilla a base de petrodólares para situar al club entre los grandes de Europa con el fichaje del sueco Zlatan Ibrahimovic, que sigue a los del argentino Lavezzi y el italo-brasileño Thiago Silva.

El club que dirige el italiano Carlo Ancelotti, que el verano pasado se dejó 85 millones de euros en traspasos y que se reforzó de nuevo en enero, ha vuelto a colocar la billetera encima de la mesa y se ha gastado cerca de 90 millones de euros a un mes de que cierre el mercado, mientras la incorporación de

Marco Verratti parece inminente y sin descartar aún la llegada del Kaka (Real Madrid).
El fichaje de Thiago Silva, de 42 millones de euros más 7 variables, se ha convertido en el más caro de la historia del fútbol francés, superando al del también jugador del PSG, el argentino Javier Pastore, por el que se pagaron un total de 42 millones.

El del central Thiago Silva, de 27 años, es un traspaso particularmente oneroso si se tiene en cuenta que los grandes clubes suelen pagar caro por comprar goles, pero rara vez tiran la casa por la ventana por un jugador de carácter defensivo.

El traspaso de Ibrahimovic a las filas del club galo viene acompañado de un salario astronómico que la prensa francesa cifra en 12,5 millones por temporada más primas, inédito en el fútbol francés.

Incluso el presidente de Francia, Franois Hollande, señaló esta semana en una rueda de prensa relativa a asuntos deportivos que "hay equipos que logran ganar sin tener necesariamente remuneraciones muy importantes".

El jefe del Estado, que prometió en campaña electoral impuestos del 75 por ciento a quienes ganen más de un millón de euros al año, se refirió expresamente al vigente campeón de liga, el modesto Montpellier, cuyo presupuesto el año pasado fue de 36 millones de euros, decimotercero de la liga francesa.

Sin embargo, el PSG sigue adelante con sus plantes de hacerse un hueco entre los mejores del continente donde se inventó el fútbol, así que los planes de los propietarios -el fondo de inversión Qatar Sport Investments- pasan por convertir al equipo en una constelación de estrellas, a golpe de talonario.

Jugadores mediáticos que, no obstante, hace poco rehuían el recién lustrado glamour del París Saint-Germain, que no gana la liga desde 1994 y nunca ha logrado la Liga de Campeones, y disputa un campeonato nacional considerado menor al lado de ligas como la española, la italiana o la inglesa.

Entre aquellos que rozaron el vestuario parisino pero terminaron dando el "no quiero" al PSG el pasado invierno se cuentan David Beckham (Los Ángeles Galaxy), Pato (AC Milán) o el argentino Carlos Tévez (Manchester City).

Sin embargo, entre aquellos fichajes frustrados del pasado enero y la algarabía de traspasos veraniegos hay un factor que ha logrado demostrar que el modelo de club de "nuevo rico" funciona: el Chelsea.

Nueve años y casi 900 millones de euros después de que el magnate ruso Roman Abramovich desembarcara en el club inglés, los "blues" han logrado levantar, por fin, la ansiada copa de la Liga de Campeones.

Además, ese mismo año, el Manchester City de Mansour bin Zayed Al-Nahyan se ha llevado la Premier League, cuatro años y más de mil millones de euros después de la llegada al equipo de ese jeque de Emiratos Árabes Unidos.

Lo ha hecho gracias a la contratación en ese tiempo de jugadores como Robinho, Adebayor, Roque Santa Cruz, Carlos Tévez, Kolo y Yaya Touré, Lescott, Mario Balotelli, Dzeko, Koralov, David Silva, Sergio Aguero, Nasri o Savic, un estilo muy similar al que ahora emulan los propietarios cataríes del París Saint-Germain.

Por ahora, los refuerzos de invierno, cambio de entrenador incluido, llevaron al club a perder el liderazgo de la liga y a terminar segundos, por detrás de ese humilde Montpellier que nunca supo lo que es tener demasiado dinero.

Ambos clubes disputarán el próximo año la Liga de Campeones, oportunidad perfecta para que el PSG empiece a rentabilizar sus deslumbrantes inversiones.

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