9 de July de 2012 00:01

Se clasificó a pesar de sus tropiezos

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A Barcelona le apareció ayer un nuevo fantasma. No el de Cyril Makanany, el jugador del club que supuestamente hizo un conjuro contra el equipo, sino el de los tiros penales. Los canarios fallaron nuevamente, ante el Deportivo Cuenca, un penal decisivo que le pudo haber costado la exclusión de la final del Campeonato.

Otra vez fue Narciso Mina, el encargado de cobrar los tiros penales según un acuerdo previo establecido entre el cuerpo técnico y los jugadores. Fue nuevamente un remate predecible. Como el que erró hace dos semanas ante Liga de Loja.

El delantero esmeraldeño y goleador de los amarillos con 13 anotaciones, no pudo esta vez exhibir su camiseta con la leyenda “No soy yo, es la gloria de Dios en mí”, pero sí celebró con sus compañeros, el técnico Gustavo Costas y los más de 15 000 hinchas toreros que estuvieron ayer en el estadio Alejandro Serrano.

Y es que Barcelona, pese a la derrota, se clasificó a la final del Campeonato y a la Libertadores 2013.

Más allá de la aparición del fantasma de los penales, los amarillos corrieron con suerte. Los números jugaron a su favor.

El Independiente del Valle y Liga de Loja les dieron una mano a los porteños debido a que el cotejo entre los dos terminó igualado.

Pese al error, Mina cumplió la primera que había hecho junto a otros compañeros. Durante el viaje a Cuenca la tarde del sábado pasado, él, Bryan De la Torre y Frickson Erazo, quien salió expulsado, prometieron entre sí ofrendarle el triunfo a Dios.


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Una vez finalizado el partido, se juntaron en la mitad de la cancha. Mina tomó la palabra y levantaron las manos y las miradas hacia el cielo. “Hemos logrado el objetivo. A ti te debemos este triunfo”, dijo mientras rezaba. Al final todos corearon amén.

Mientras eso ocurría, Costas se encontraba en un ritual similar. Se persignaba una y otra vez. No dejaba de besar la imagen del Señor de los Milagros que cuelga de su pecho y de la que se hizo devoto en Perú, país en el que vivió varios años.

Luego de eso empezó a celebrar. Al primero en buscar fue Pablo Fernández, su asistente. Con él se abrazó y luego corrió a buscar a los jugadores. Uno a uno los abrazó y a algunos, como a Jayro Campos, le estampó un beso en la mejilla.

Costas estaba menos tenso. Los últimos minutos del partido estuvieron marcados por el nerviosismo, ya que ellos estaban perdiendo, en Loja se mantenía un empate, pero un gol o del independiente de los lojanos, descalificaba por completo a los canarios.


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Barcelona celebró antes de que finalizara el compromiso ante los morlacos. Los jugadores y el cuerpo técnico del equipo se enteraron del empate en Loja gracias al público. Sus hinchas festejaron cuando el árbitro Omar Ponce pitó el final del encuentro.

El argentino Damián Díaz, elogiado la semana pasada por haber marcado un gol de chilena y criticado ayer por su bajo rendimiento, apretó los puños como señal de victoria.

Los suplentes se encontraban en la zona técnica, pidiéndole al árbitro José Espinel que acabara el cotejo. Lo mismo pedían los hinchas. La fiesta que hubo en la cancha se trasladó al camerino. Los jugadores celebraron el paso a la final con música y bailes. Máximo Banguera llevó su reproductor de música y unos parlantes con los que “se armó la rumba”, como dijo el propio jugador.

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