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Hinchas de otras provincias y fugados de sus trabajos están en el Atahualpa

Hinchas de todo el país llegaron este 13 de octubre del 2015 para alentar a la Tricolor en el estadio Atahualpa. Foto: Álex Puruncajas / EL COMERCIO

Hinchas de todo el país llegaron este 13 de octubre del 2015 para alentar a la Tricolor en el estadio Atahualpa. Foto: Álex Puruncajas / EL COMERCIO

Hinchas de todo el país llegaron este 13 de octubre del 2015 para alentar a la Tricolor en el estadio Atahualpa. Foto: Álex Puruncajas / EL COMERCIO

La Tricolor ecuatoriana ilusiona. “Verla ganar una vez más”, ese es el deseo de José Pérez y también fue su motivación para que viajara toda la noche desde Azogues hasta Quito. Llegó en la madrugada y esperó en la terminal de buses de Quitumbe hasta que saliera el sol. Mal dormido y sin comer estuvo temprano en el estadio Atahualpa, en el norte.

Hace ocho meses llegó al país, luego de vivir siete años en Estados Unidos. Y por fin cumplirá uno de sus de sus anhelos: ver a la Tri en el Atahualpa.

Pérez no es el único que viajó cientos de kilómetros para estar en el graderío, cantar el himno nacional cuando salga la Selección y quedarse sin aliento en los goles.

A este partido de fútbol contra la selección de Bolivia, que se disputa a las 16:00, también asistirá Joel Reinoso, de 28 años.

Pidió permiso a su trabajo, en una rectificadora de autos en Guayaquil, para alentar a la Tricolor. Como la mayoría de los hinchas lleva la camiseta amarilla, aunque es una versión de las anteriores eliminatorias. Incluso tiene una mancha, pero a él solo le importa estar en el estadio.

Esta tarde -dice- el Ecuador ganará 2-0. En el bus que llegó a Quito conoció a una decena de hinchas, que ahora son sus amigos. A las 11:00 todavía no había probado bocado.

Marcelo y Greace, ambos de 24 años, son de Quito. Pronostican una tarde de goles. Serán 4-0 contra el conjunto boliviano, aseguran. También lucen las camisetas y cuando alguien empieza a gritar “¡Ecuador! ¡Ecuador!”, se sumana la barra.

Pero cuando se acerca una cámara de video se ocultan, dan media vuelta y se enconden entre la multitud. Están fugados de sus trabajos y temen que algún compañero o jefe los reconozca.
“Yo fingí enfermedad y yo dije que tenía una cita médica”, cuentan. Reconocen que no es un comportamiento adecuado pero además de alentar a la Tri tienen un motivo fuerte para estar en el estadio y no en sus puestos de trabajo.

Marcelo labora en una productora de video y Grace en una editorial. “Le prometimos a mi hermano de 17 años que vería a la Selección, luego de una operación de corazón abierto que se hizo hace cuatro meses”, admite Grace. Marcelo, su novio, también se unió a la promesa.

Entre los hinchas hay muchos que dejaron su trabajo, como Ivan Arias, de 44 años. Pero en su caso solicitó permiso a sus jefes. No tuvo que mentir ni que fingir nada. Les dijo que iba al partido porque quería ver ganar a la Selección. “Para mí es importante mirar a nuestro equipo porque uno siente mucha pasión, es como estar enamorado de alguien”, dice.

Como todo ‘novio ilusionado’, no le importó esperar dos horas para encontrar una entrada.