19 de octubre de 2017 00:00

La fe impulsa al Delfín para ganar la segunda etapa del torneo local

Carlos Garcés (izq.), delantero de 27 años, anotó los dos goles del Delfín en el estadio de Sangolquí, ayer. Arriba, Marcos Cangá  protege el balón ante la marca de Bryan Rivera. Foto: API

Carlos Garcés (izq.), delantero de 27 años, anotó los dos goles del Delfín en el estadio de Sangolquí, ayer. Arriba, Marcos Cangá protege el balón ante la marca de Bryan Rivera. Foto: API

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Álex Puruncajas
Redactor (D)

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Roberto ‘La Tuka’ Ordóñez utiliza una camiseta de color amarillo que tiene una frase extensa: “La gloria es de Cristo. Por ti todo lo puedo. Todo es posible. Y la fuerza tú me das. Nada es imposible”.

Por temor a que le saquen tarjetas amarillas, el delantero no la exhibe tras un gol en los 90 minutos de un partido. Solo la muestra durante los ejercicios de calentamiento antes de un cotejo o en el camerino, cuando festeja y alienta a sus compañeros.

La frase -expresa- tiene un poder fuerte en el equipo. Eso también lo creen sus compañeros. Cuando el plantel parece que está a punto de perder o empatar, los cetáceos confían y se lanzan al ataque para remontar el marcador.

Todo parecía perdido en la mañana y tarde de ayer, a pleno sol en el estadio General de la Liga Cantonal Rumiñahui. Independiente marcó a solo dos minutos del final y se puso a ganar 2-1, pese al notable esfuerzo físico de los jugadores cetáceos, que se entrenan siempre en el llano. La anotación de Billy Arce parecía que dejaría al plantel manabita sin un resultado clave en sus aspiraciones de ganar esta fase y coronarse campeón sin necesidad de jugar una final.

Pero ‘La Tuka’ se levantó de la banca -había sido sustituido ya por el DT Guillermo Sanguinetti- para empujar a sus compañeros. El técnico y los jugadores también empezaron a arengar, y apareció Carlos Garcés para marcar el 2-2 a solo un minuto del final. Se arremolinaron los jugadores en un costado, se arrodillaron y alzaron los dedos índices al cielo. Se tenían fe. Habían rescatado el resultado ante un plantel que consideran uno de los más fuertes.

Independiente estuvo dos veces arriba en el marcador. Primero por una anotación de Michael Estrada, tras un penal polémico decretado por el árbitro Luis Quiroz. Igualó Garcés (80’) y remontó Arce (88’). Después de eso, Quiroz se volvió a equivocar y sancionó otro penal, en una acción en la que Bryan Rivera, del club del valle, y Garcés, disputaban el balón. Esa falta fue cobrada por Garcés, quien puso el 2-2.

El resultado mostró que el cuadro manabita, finalista del torneo por ganar la primera etapa, también es fuerte fuera de su casa. Es el segundo mejor visitante, con 25 puntos conseguidos de visita. El empate de ayer le permitió sumar 27 puntos en la segunda etapa.

La polémica por los penales siguió hasta el final, porque el golero Adrián Bone fue a reclamar a jugadores e integrantes del club manabita.

Francisco Silva se mantuvo en la cancha cuando salía Bone. El capitán del Delfín ayer estaba de cumpleaños (27). Por
eso, fue a abrazar efusivamente a sus compañeros.

En el camerino, los jugadores formaron otra vez un ­círculo. Rezaron un padrenuestro y se fueron satisfechos.

José Delgado, presidente del club, los acompañó. Para él, la unión ha sido esencial. Por ello, también incentivará a sus jugadores con un premio económico, aunque evitó dar un monto, si ganan la etapa. Eso les permitiría coronarse campeones sin disputar una final.

En la primera fase, los ju­gadores ya tuvieron un estímulo financiero. Sin embargo, faltan ocho partidos. Por ello, algunos no quieren que la euforia se dispare. Pero eso sí, dicen que con su estrategia defensiva y contragolpeadora podrían lograrlo.

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