11 de noviembre de 2019  12:29

El golero Jorge Pinos fue chofer en Manabí después del terremoto del 2016

Jorge Pinos (centro), guardameta del Independiente del Valle, ataja el lanzamiento penal cobrado por el argentino del Colón FC Luis Miguel Rodríguez (izq.) durante el partido de la final única de la Copa Sudamericana jugado en el estadio General Pablo Roj

Jorge Pinos (centro), guardameta del Independiente del Valle, ataja el lanzamiento penal cobrado por el argentino del Colón FC Luis Miguel Rodríguez (izq.) durante el partido de la final única de la Copa Sudamericana jugado en el estadio General Pablo Rojas en Asunción, el sábado 9 de noviembre del 2019. AFP

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David Paredes
Redactor (D)

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Jorge Pinos vendía mangos en un circo, fue chofer de un medio de comunicación y llegó a ser campeón de la Copa Sudamericana. El guardameta titular del Independiente del Valle estuvo a punto de retirarse del fútbol, pero volvió y se consagró.  

Pinos ha sufrido en su carrera en el fútbol. Estuvo en Barcelona SC en el 2012, pero no pudo debutar. Siguió su carrera en equipos de la Serie B y de la Segunda Categoría. Fue engañado con un supuesto traspaso al fútbol de Hungría. Estuvo tres meses en una ciudad en Paraná y tuvo que regresar.

En el 2016, su familia estaba en Manta y sufrió por el terremoto. Allí tuvo que hacer de chofer, según contó en una entrevista. La necesidad también lo obligó a vender mangos en un circo. Con un charol en su mano recorría en los entretiempos de las funciones de un circo en Quevedo.

Decidió regresar al fútbol y volvió a Santa Rita. Debutó en la Primera el 2018 en Técnico Universitario. Aquí una entrevista con Pinos.

¿Qué significó jugar la final de la Sudamericana?

Es algo único. Sabíamos que nos jugamos todo por el todo. Mucho de nosotros no habíamos estado en estas instancias en Sudamericana o Libertadores. Sabíamos que es el partido más importante de nuestra vida. Este es mi primer tornero Conmebol. Hace años, cuando aún era amateur, fuimos con el Caribe Juniors a un torneo internacional a Costa Rica. En esa época jugaba conmigo Miller Bolaños. Tenía 15 años y en esa época era un sueño vivir ese tipo de experiencias.

Los que fuimos a esa copa muchos se retiraron y otros no llegaron al fútbol profesional. En mi caso, siempre quise llegar lejos en lo individual y grupal. Ahora estoy contento por lo que estoy consiguiendo.


A inicios del año usted aseguró que su intención era acercarse lo más que se pueda a la Selección

Siempre he buscado hacer mi trabajo de la mejor manera para que el cuerpo técnico de la Selección se fije en mí. El año pasado me fue bien y ahora estoy haciéndolo mejor. Mi objetivo es defender los colores de mi país.

De salvar la categoría a campeón continental
Ha sido un año intenso y diferente en mi carrera. Con Técnico Universitario salvamos la categoría el año pasado y ahora somos campeones de la Sudamericana. Con mi esposa estamos agradecidos con Dios, porque nos dio fuerza cuando más lo necesitábamos. Ahora vivimos un momento único.

¿Siempre fue arquero?
Siempre fui arquero. Mi padre también lo fue en equipos de Los Ríos. Fue profesional. No lo vi jugar, pero lo he encontrado en los registros de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Recuerdo que cuando llegaba de los partidos me ponía la ropa y los guantes de él para jugar. En la escuela de fútbol Las Palmeras ya me vieron condiciones y pude tener actividad en dos categorías mayores a mi edad.

Entonces lo de arquero lo lleva en la sangre…
(Se ríe) Sí, eso me han dicho. También tengo la bendición de ser aquero y poder jugar con los pies.

¿Heredará este amor por el arco a su hijo?
Isaías Pinos, mi hijo, empezó como arquero. Ahora que tiene ocho años ya no lo hace. Se ponía mi primer buzo, que lo tengo como recuerdo. Prefirió ser más jugador de campo. Ahora juega en las escuelas formativas de Independiente.

¿Qué fue lo más duro que le tocó pasar como futbolista?
Hubo momentos muy difíciles en mi carrera. Llegué a desesperarme y llorar porque no jugaba. En el 2016, en Liga de Portoviejo, la nueva directiva sacó a varios jugadores, entre ellos estaba yo. Encontré en mi familia y mi esposa ese respaldo que necesitaba. Me tocó buscar otro rumbo.

¿En la época de vacas flacas le tocó trabajar en otro ámbito?
Sí y no me arrepiento ni avergüenzo. Fueron trabajos sanos que me permitieron llevar comida a mi casa. Eso fue fundamental también para mantenerme fuerte. Fui chofer por unos meses de un medio de comunicación de Manabí.

¿Cómo fue esa época?
Fue una experiencia única. Me tocó hacer varias cosas en ese entonces. Acompañaba a los periodistas a las coberturas. Para mi suerte siempre me tocaba con la gente de Deportes. Cuando llegaba a las canchas me preguntaba por qué no estoy ahí, en las canchas.

¿Ahora entiendes más a los periodistas?
Siempre los he entendido. Estuvo del otro lado y sé que es su trabajo criticar y alagar a los jugadores. Ellos hacen lo mejor que pueden. Tenía 25 años y ya había tapado como profesional. Por eso digo que esa experiencia me fortaleció.

¿Jugar con los pies es algo nato o inculcado en algunos de los clubes en los que jugó?
Me considero arquero líbero y me gusta tener el balón en los pies. Nadie me lo inculcó. Mi padre me aseguró que él jugaba así, pero no tuve indicaciones específicas. Acá en Independiente sí me ayudaron a mejorar y perfeccionar la técnica.

¿Se recrimina por algo que no logró en su carrera?
No me lo recrimino, pero me dolió no ser titular y ganar un título con Barcelona Sporting Club. Fue una etapa que me ayudó para madurar y espero tener la revancha algún día.

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