31 de octubre de 2017 00:00

‘Eli’ Bravo apostó por los mínimos detalles

Fotos: itu y manuel quizhpe/el comercio

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Manuel Quizhpe
Redactor (D)

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Elizabeth Bravo se entrenó ayer en la piscina olímpica del Batán, en Cuenca, bajo las órdenes de su esposo y entrenador Francisco Tirado. Lo hizo tras retornar de Salinas, en donde el domingo pasado ganó la medalla de oro en la Copa Mundo de Triatlón.

La seleccionada de 30 años nadó con la triatleta costarricense Alia Cardinale, quien terminó duodécima en Salinas. Bravo se entrenó 40 minutos antes de acudir a la conferencia de prensa que ofreció en la sala de sesiones de la Federación Deportiva del Azuay.

El trabajo consistió en nadar suavemente antes de retomar la etapa competitiva. “La idea es que exista una mayor capilarización en el cuerpo y así circule mejor el ácido láctico que está en las piernas”, explicó Tirad, quien la dirige desde hace seis años.

Hoy tendrá una jornada parecida y de allí en adelante su preparación será intensa hasta el viaje a Santa Marta, Colombia, para los Juegos Bolivarianos. La prueba individual está programada para el 16 de noviembre y la modalidad de postas será dos días después.

Según Tirado, se cambiaron partes de los microciclos, sobre todo en las descargas, para mejorar el rendimiento de su esposa. Se priorizaron los entrenamientos fuertes y cortos, con partes aeróbicas bajas. “Se pasaron umbrales lácticos y luego lo regeneramos para que pueda mejorar su parte física”.

El técnico nacional estudió la parte fisiológica de la triatleta y lo equilibró con la preparación psicológica, que a su criterio es lo más difícil. En la carrera a pie, cuya prueba es su fuerte, Bravo mejoró entre dos y cuatro segundos en la distancia de 400 metros. Lo alcanzó en los últimos tres meses.

En la conferencia de prensa, la múltiple medallista recibió las felicitaciones de Miriam Ramón y Ángel Bustamante, presidenta de la Federación Deportiva del Azuay y coordinador de la Zonal 6 del Ministerio del Deporte. Ellos calificaron como histórico el triunfo, puesto que ningún otro ecuatoriano consiguió una medalla mundial de triatlón.

En este año, Bravo tuvo otras tres participaciones internacionales. Entre abril y junio intervino en las copas panamericanas que se desarrollaron en Salinas e Ibarra, en donde obtuvo las preseas de plata y oro. En septiembre pasado, en la Copa Mundo que se cumplió en Yucatán, México, terminó en sexta posición.

El título obtenido en la Copa Mundo de Triatlón lo dedicó a su familia, especialmente a su padre Alberto Bravo, quien falleció hace dos años. Él lo acompañaba a las prácticas y competencias mundiales, cuyo sueño era ver a su hija en el podio universal. “Él está conmigo, en todas partes, silbando, dándome ánimos”.

La triatleta con recorrido en dos Juegos Olímpicos (Londres 2012 y Río de Janeiro 2016), está convencida que experimenta su mejor momento deportivo. Ella agradece a su esposo porque se ganó el título mundial con pequeños detalles que él insiste a diario.

Desde la línea de partida, ‘Eli’ (como la llaman sus amigas) se preocupó por mantenerse en el grupo puntero, no descuidó a sus principales rivales, evitó los golpes y siempre estuvo pendiente de cómo girar en las boyas. Otro aspecto crucial fue la transición rápida entre natación, ciclismo y atletismo.

Hace un año y nueve meses, Bravo dio a luz a Juan Francisco Tirado. Esa etapa la superó con dificultad. No deja de reconocer la labor de su esposo, quien incluso cuida al bebé para que ella descanse. “Él me conoce bien, entrenamos ocho horas diarias. Sabe cuál es mi alimentación y cuántas horas de descanso requiero”. Detrás está un grupo de nadadores, ciclistas y atletas, quienes la ayudan en su preparación.

El domingo pasado, la triatleta celebró la victoria en Salinas con una bandera de Ecuador, facilitada por Segundo Noguera, técnico de Pichincha.

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