7 de enero de 2019 00:00

Ante todo su pasión es el tenis

La deportista Carolina Lasso, quiteña de 42 años, se entrena en las canchas del Círculo Militar. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

La deportista Carolina Lasso, quiteña de 42 años, se entrena en las canchas del Círculo Militar. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Redacción Deportes
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Para Carolina Lasso, la vida es bella. A esta frase se aferra y en ella sentó las bases de la educación a sus hijos. “Las barreras son oportunidades para salir adelante”, dice la campeona de tenis en silla de ruedas.

Fue basquetbolista en su adolescencia. Hace 27 años, un accidente de tránsito cambió su vida. Su columna vertebral se rompió.

Pese a lo delicado del tema, relata cada detalle con una sonrisa. “Conducía el vehículo una persona en estado de embriaguez”.

Dio vuelta la página y cambió el baloncesto por el tenis en silla de ruedas, hace 10 años. “Encontré este deporte, por invitación de Roberto Galeano. Al principio todos me ganaban, pero las derrotas se transformaron en desafíos. Luego empecé a ganarles”.

Desde hace ocho años es campeona nacional y la tenista número 1 del país en esta modalidad. Ocupa el puesto 17 en América y el 70 en el mundo. Este año debe mejorar las posiciones; tiene que ingresar al ‘Top Ten’ en el continente, para ir a los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019, en agosto.

Si lo logra, será la primera ecuatoriana en hacerlo en esta disciplina. Y ‘Caro’ quiere escribir esa historia.

El año pasado fue a los campeonatos avalados por la Federación Internacional de Tenis (ITF, por su nombre en inglés) en Perú y Chile, donde jugó las finales. En Brasil, superó tres rondas, y en Cali ganó el torneo consuelo, en un cuadro de 16 jugadoras.

En el país es la mejor entre las damas, pero su situación es especial. No hay jugadoras con su perseverancia. Las tenistas llegan, entrenan, mejoran su nivel, pero se retiran por falta de recursos o porque se embarazaron y eligieron formar sus hogares. “Me toca entrenarme con varones. Eso me ha ayudado a mejorar mi nivel técnico, pero no tengo rivales para torneos nacionales. A los campeonatos nos presentamos entre cinco y seis tenistas”.

En el 2018 promovió el deporte para que las damas escojan el tenis como opción. “Necesitaba una compañera para competir en el torneo de dobles, porque quiero participar en individual y en parejas porque para mí, el tenis es la vida”.

Tan cierta es esa frase, que su vida va y viene como la bola de tenis en la cancha. En la mañana es la mamá que se ocupa de sus hijos, Dana y Andrés, y de su esposo. Los ‘manda’ a clases y al trabajo, y por la tarde es la tenista, que se entrena por cuatro horas en pos de preseas. “Tengo más de 45 trofeos, medallas o títulos. Cada uno tiene una historia especial, pero aún quedan muchos por jugar”.

También es la vocera del tenis adaptado y asiste a entrevistas en radios, canales de televisión, difundiendo las bondades de esta actividad.

Además de repetir y perfeccionar golpes, reveses y servicios, se entrena en el gimnasio y en su casa. Hace sesiones de pesas para fortalecer sus hombros, bíceps y tríceps. Pero lo que más le cuesta, según propia revelación, es mantener el peso. “Subo con mucha facilidad”. Eso se debe a los helados porque son su mejor golosina. Los consume a escondidas, porque el entrenador le sugiere ensaladas y carbohidratos en sus dietas.

Los retos de este 2019 espera cumplirlos junto a su ‘guerrera’, como le dice ella a su silla de ruedas de competencia, que le ha acompañado desde hace siete años. “Creo que debo cambiarla pronto”.

Carolina seguirá siendo la gaviota que dice es, porque la vida le impuso aprender a volar y quiere hacerlo muy alto.

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