31 de August de 2012 15:36

El gran dilema: ¿quién conduce mejor?

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En muchas oportunidades hemos sido partícipes principales o secundarios de discusiones sobre qué tan bueno es uno u otro sexo para la conducción de un vehículo.

Ellos, por lo general, se atribuyen capacidades únicas para esta tarea, mientas que algunas de ellas incluso llegan a admitir ciertas dificultades que se presentan a la hora de buscar una dirección o de estacionar el auto.

En un universo equilibrado en el que las capacidades han sido distribuidas genéticamente a cada uno de los géneros existen evidencias neurocientíficas para este tipo de distinciones, como veremos a continuación.

Lo similar: el cerebro humano está dividido lateralmente en dos hemisferios (derecho e izquierdo). Debajo de ellos existe el denominado cuerpo calloso que sirve como un puente de comunicación de datos entre uno y otro lado.

Lo diferente: el cuerpo calloso de las mujeres tiene mayor volumen, tema que según los científicos tiene que ver con la capacidad de integrar conceptos que pueden parecer más distantes entre sí. Por eso suelen ser más detallistas y abarcadoras que los hombres.

Esto, además, determina que ellas ocupen ambos hemisferios a la hora de tomar decisiones, mientras que ellos solo se focalizan en uno al hacerlo. Esto explica que las determinaciones de ellas tarden un poco más en definirse.

Otra evidencia tiene que ver directamente con la carga hormonal de cada género. Como es conocido, los hombres desde su adolescencia se ven expuestos a un torrente de testosterona que termina por definir no solo su género, sino sus preferencias de comportamiento y pensamiento.

Nick Neave, de la Sociedad Británica de Psicología, asegura en un reportaje escrito para la revista Intelligence que encontró que estas diferencias podrían tener mucho que ver con el pensamiento espacial, el mismo que es utilizado por nuestro cerebro a la hora de ubicar direcciones en los mapas, por las calles o incluso al momento de parquear un vehículo tomando en cuenta las distancias.

¿Es posible saber el nivel de pensamiento espacial por efecto testosterona viendo las manos de una persona? La respuesta es sí. Científicos de la Universidad de Gienssen, Alemania, hicieron un descubrimiento sorprendente.

Afirman que la cantidad de testosterona a la que un ser humano pudo haber estado expuesto en su proceso de formación tiende a manifestarse en el dedo anular, y sostienen que el largo de este con relación al dedo índice de la misma mano, nos podría dar una curiosa manifestación física de la capacidad de pensamiento espacial del individuo, sea este hombre o mujer.

Si quiere hacer el experimento con su pareja, hijos o compañeros de trabajo, coloque la mano de forma relajada sobre una mesa y con el brazo totalmente perpendicular a ella. Las personas con el dedo anular más largo que el índice se desenvuelven mejor en cuestiones relacionadas con la espacialidad tales como la ubicación de direcciones y la facilidad para estacionar autos, sobre todo en paralelo.

Esta característica, presente mayoritariamente en los hombres, les proporciona una capacidad adicional para el cálculo de las distancias, muy útil en el parqueo.

Ellas, debido al uso de ambos hemisferios y a un sistema emocional más desarrollado, siempre serán más ordenadas al conducir, respetarán las reglas y pensarán en los demás al manejar.

En definitiva, ninguno maneja mejor, simplemente somos distintos y complementarios.

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