29 de noviembre de 2019 16:23

Cuatro presos puertorriqueños ganan otra oportunidad para rehabilitarse como jugadores en Liga de baloncesto 

El jugador de los Cocoteros de Loiza, Ángel Polaco, durante un partido contra los Mulos de Juncos, en el Coliseo Rafael G. Amalbert, en Juncos (Puerto Rico). Foto: EFE

El jugador de los Cocoteros de Loiza, Ángel Polaco, durante un partido contra los Mulos de Juncos, en el Coliseo Rafael G. Amalbert, en Juncos (Puerto Rico). Foto: EFE

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Agencia EFE

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Cuatros presos puertorriqueños aprovechan el tiempo que les queda para salir de prisión en la puesta a punto de su preparación en un deporte que les ilusionó desde niños, en un sueño que la "mala vida" les truncó y que ahora toma fuerza gracias a una iniciativa de la Liga de baloncesto.

Por segundo año seguido, el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) de Puerto Rico y la Liga de Baloncesto Puertorriqueña (LBP) se unen para permitir la vinculación de varios reos a la competición.

Desde entones la LBP ha establecido que los candidatos deben tener potencial, estar recluidos en zona de mínima seguridad, ser miembros del programa de alto rendimiento, demostrar buena conducta en la prisión y que esta esté cerca de la sede del equipo que representará.

Ángel Luis Polaco Pizarro, de 32 años, es uno de los cuatro reclusos elegidos para la temporada 2019-2020. Es el único llamado a jugar por segundo año consecutivo con los Cocoteros de Loíza, dirigidos por Gary Williams.
El cuarteto lo completan Jocner Martínez Correa, de 33 años; Armando Ayala Prado, de 29, y Luis Andújar Robles, de 24.

"Son puertas que se me abren y espero que se le abran a otros más, para que tengan la oportunidad de pasar por una serie de prácticas e incorporarse al programa de alto rendimiento de Corrección", declaró Polaco a Efe.

"Para mí es un privilegio y un honor estar jugando en las canchas nuevamente que me vieron crecer. Este seguimiento es gracias a la concienciación pese a las situaciones que pasé", agregó el reo de la cárcel El Zarzal en Río Grande (noreste).

Polaco, de 1 metro y 95 centímetros de estatura, practica el baloncesto desde niño.

Jugó en equipos de colegios de municipios cercanos a San Juan antes de ser llamado a la selección. Eran los tiempos de David Huertas, Ricky Sánchez y Peter John Ramos.

Fotografía fechada el 18 de noviembre de 2019 que muestra al entrenador de los Cocoteros de Loiza, Gary Williams (i), mientras reacciona junto a su jugador Ángel Polaco. Foto: EFE

Fotografía fechada el 18 de noviembre de 2019 que muestra al entrenador de los Cocoteros de Loiza, Gary Williams (i), mientras reacciona junto a su jugador Ángel Polaco. Foto: EFE

Jugó en las ligas sub-21 y sub25.
Sin embargo, por no escuchar "miles de consejos", según admitió, cayó en la trampa de los problemas sociales que afectan la isla. "Iba por buen camino, pero en un momento de mi vida tomé una mala decisión", relató.

Años después entiende que todo pudo haber sido peor: "Yo corrí con suerte. Puede haber terminado peor", admitió.

El técnico de los Cocoteros, Gary Williams, ha celebrado el desempeño de los jugadores seleccionados de las prisiones. "Encuentro que es buenísimo, porque ellos se entusiasman más porque salen a la calle, aunque sea por dos o tres horas, y por lo menos Polaco la están aprovechando al máximo", dijo a Efe.

Tan bueno es el potencial de Polaco que un equipo del Baloncesto Superior Nacional, la principal Liga del país, lo ha querido fichar, según Williams.
Polaco se encuentra jugará con su equipo en la cancha Rafael Amalbert, en Juncos (sureste), frente a los Valencianos de Juncos.

Y hasta allí ha llegado desde Syracuse, Nueva York, donde reside.
la madre de Polaco, María Pizarro. "La familia es el apoyo incondicional y la base primordial en lo que es el seguimiento y el esfuerzo de querer echar adelante", afirmó.

La LBP es una liga aficionada/semi-profesional o una "plataforma de desarrollo y exposición", explicó a Efe el director del torneo, William López.

"Estamos bien comprometidos con el proceso de poder encaminar a estos jóvenes que no tienen la oportunidad de no llegar al BSN o no poder ser vistos como profesionales, de tener una alternativa en el baloncesto o hacerlos personas de bien", dijo.

"Nosotros oficialmente llegamos con un acuerdo colaborativo para que más de dos confinados puedan integrarse a la liga y tener una forma de ellos reinsertarse en la sociedad y de ir encaminando su vida y que al salir, tengan mejores oportunidades", agregó.

El desarrollo en la LBP se ha comprobado, pues tres jugadores que jugaron en la primera edición, posteriormente fueron contratados para jugar en el BSN o en alguna liga en el exterior.

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