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Un atleta peruano ciego llegó solo a Cuenca para entrenarse con el campeón parapanamericano

El atleta paralímpico Luis Miguel Sandoval (centro) se entrena en la pista sintética del estadio Jefferson Pérez, en Cuenca. Foto: Manuel Quizhpe/EL COMERCIO.

El atleta paralímpico Luis Miguel Sandoval (centro) se entrena en la pista sintética del estadio Jefferson Pérez, en Cuenca. Foto: Manuel Quizhpe/EL COMERCIO.

El atleta paralímpico Luis Miguel Sandoval (centro) se entrena en la pista sintética del estadio Jefferson Pérez, en Cuenca. Foto: Manuel Quizhpe/EL COMERCIO.

Luis Miguel Sandoval es un atleta paralímpico peruano de 25 años, quien perdió la vista a los 10 años por un glaucoma congénito. Él llegó a Cuenca sin ninguna compañía, después de viajar de Cusco a Lima, en vehículo, y de allí en avión hasta Quito. Luego tomó otro vuelo a la capital azuaya.

Sandoval decidió entrenarse todo el mes de enero con su principal rival en las pistas: el cuencano Darwin Castro. Este último y su guía Sebastián Rosero convencieron al técnico Julio Chuqui para que le permitiera trabajar con el grupo. También le ayudaron a gestionar su estadía en el Centro de Entrenamiento de Alto Rendimiento.

Se muestra agradecido con la ayuda recibida en sus primeras dos semanas de campamento en Cuenca. Su preparación tiene como meta buscar la clasificación para los Juegos Paralímpicos de agosto próximo en Tokio, Japón, en las pruebas de 1500 y 5 000 metros. Entre marzo y mayo competirá en torneos clasificatorios que se desarrollarán en Brasil, Colombia e Italia.

El atleta pide ayuda a sus amigos cuando le toca viajar en bus o en vehículo. Eso hizo para llegar de Cusco al aeropuerto de Lima. “En las aerolíneas hay personal que asiste en el traslado de la sala de espera al avión y viceversa, ahí no hay problemas”. Castro y Rosero, quienes se encontraban en Quito con motivo del feriado de fin de año y Año Nuevo, lo recibieron y viajaron juntos a Cuenca.

En los Juegos Parapanamericanos que se realizaron en agosto del 2019 en Lima, Perú, Castro ganó la medalla de oro en los 5 000 metros; mientras Sandoval tuvo que conformarse con la presea de plata. El corredor peruano reconoce que en la pista son rivales, pero fuera de la misma “somos grandes amigos”.

Desde hace cuatro años, Sandoval se prepara en Cusco, ciudad ubicada al sureste de Perú y de donde es oriundo su técnico: John Cusi. En ese entonces se alejó de sus padres y cinco hermanos, quienes viven en Chiclayo (ciudad del noreste de Perú). No se arrepiente porque ese sacrificio le permitió clasificar a sus primeros Juegos Paralímpicos, que se realizaron el 2016 en Brasil.

Según Chuqui, estratega de Castro, Rosero y otros atletas azuayos, Sandoval le llamó a su celular para que le ayudara en su preparación durante su mes de campamento en la altitud de Cuenca. “Le dije que podíamos colaborar sin problemas y que todo dependía de él”. Además, aclaró que pese a ser rival de su alumno no tiene problemas en sugerirle correctivos técnicos para su superación.

El atleta no vidente peruano tiene en su país como guía a Juvenal Huisa. En Cuenca se entrena en compañía de Édison Ayabaca, un corredor Sub 18 que realiza las pruebas de 2000 y 3000 metros libres y con obstáculos. Sandoval cuenta que el sueldo básico en Perú es de 850 soles (USD 257) y que él recibe un poco más de ese valor por pertenecer al programa de apoyo al deportista.