Aquiles Jarrín en la sala de su departamento, de 180 metros cuadrados de construcción, en el norte de la ciudad. Fotos: Vicente Costales/ CONSTRUIR

Aquiles Jarrín en la sala de su departamento, de 180 metros cuadrados de construcción, en el norte de la ciudad. Fotos: Vicente Costales/ CONSTRUIR

Martes 13 de noviembre 2018

Una vivienda con ambientes personalizados

Paola Gavilanes (I)
pgavilanes@elcomercio.com

Las puertas del ascensor se cierran en un segundo piso y en seguida se abre una de madera, a dos o tres pasos de distancia de una banca con un muñeco de tela en uno de los puestos.

Esa puerta conduce a la casa de Aquiles Jarrín, diseñador integral y artista. Se trata de un departamento de los años 70 ubicado en la González Suárez. La fachada es de cemento, pero adentro abunda la madera: está en el piso y en el mobiliario que reposa en el comedor, cocina y hall.

El mobiliario de la cocina posee un toque de color y abundante vegetación.

El mobiliario de la cocina posee un toque de color y abundante vegetación.

Jarrín dice que la presencia de ese material otorga calidez y suavidad a la vivienda y los acerca a la naturaleza.

Por fuera luce como un departamento tradicional de la cuadra pero adentro la casa está dividida en diferentes ‘escenografías’, que la hacen única. Quienes conocen al diseñador saben que se trata de un espacio habitado por Jarrín, padre de un niño de 8 años.

En ese departamento, de 180 metros cuadrados de construcción, hay una pequeña “selva”, una biblioteca con libros ilustrados y con objetos pequeños comprados en viajes o regalados por amigos, y una pequeña “cueva”.

Aquiles Jarrín en la sala de su departamento, de 180 metros cuadrados de construcción, en el norte de la ciudad. Fotos: Vicente Costales/ CONSTRUIR

En esta última hay colchones en el piso y una televisión. Es el punto de encuentro de la familia para disfrutar del cine o para descansar.

En la pequeña selva se destaca un sillón recuperado. Por su diseño se presume que tiene como 50 años. Jarrín lo vistió con una tela llena de colores vivos. Está rodeado por plantas de gran tamaño y otras más pequeñas, indispensables en la vida de este diseñador.

Jarrín ama la naturaleza y por eso adquirió ese departamento. Desde las amplias ventanas tiene vista a las montañas y a las copas de los árboles que están en la acera. Del otro lado puede observar casas y edificios que lo transportan a Buenos Aires, ciudad en la que vivió durante 10 años.

Las paredes de la zona íntima también son blancas.

Las paredes de la zona íntima también son blancas.

“Esta vista brinda una sensación de una ciudad habitada. Hay conexión con los vecinos”. Además, hay un cholán -árbol- que alegra sus mañanas cuando florece.
Estructuralmente, el departamento se mantiene tal como lo construyeron en los años 70: hay una sala, comedor, cocina, tres dormitorios y dos baños. Jarrín prefirió personalizarlo desde su fuerte, el diseño.

Él se describe como una persona alegre y creativa, y eso, precisamente, plasmó en su vivienda. En la pequeña biblioteca, por ejemplo, hay objetos pequeños que están llenos de color. Cada uno lo traslada a un determinado lugar o le recuerda a alguna persona.

En el comedor, en cambio, hay una mesa con un diseño imponente, suavizado solamente por el uso de la madera. La estructura es de color rojo. Jarrín fue quien la diseñó, al igual que un banco y otra mesa más pequeña que reposan en el hall, cerca de la puerta de ingreso a la cocina.

Aquiles Jarrín diseñó la mesa y recuperó las cuatro sillas.

Aquiles Jarrín diseñó la mesa y recuperó las cuatro sillas.

Se trata de una nueva colección que pronto saldrá a la luz. Allí, Jarrín trabajó con esterilla, un material que asegura se ha dejado de utilizar. “Trato de mezclar cosas contemporáneas con ese tipo de material, para crear nuevos lenguajes”.

Por eso en su vivienda abundan objetos recuperados, pero transformados y que muestran la esencia de quienes habitan allí. “Las casas tienen que inspirarnos, porque cada día creamos relación con las cosas que están dentro”.

En el comedor, por ejemplo, hay cuatro sillas de personas que en algún momento las descartaron. Son de metal y tienen forros de colores vivos. Se destacan porque todas las paredes de la casa son blancas.

Jarrín ha participado en el diseño de restaurantes, cervecerías, museos y más. Antes de iniciar con su trabajo investiga, entiende lo que busca el cliente y luego selecciona materiales, formas y colores.