El restaurante, la cocina y la sala de este establecimiento funcionan en una edificación levantada en un área de 86 metros cuadrados. Fotos: Álvaro Pineda/ PARA EL COMERCIO

El restaurante, la cocina y la sala de este establecimiento funcionan en una edificación levantada en un área de 86 metros cuadrados. Fotos: Álvaro Pineda/ PARA EL COMERCIO

Sábado 07 de diciembre 2019

Un refugio que aprovecha el adobe, la teja y la madera

José Luis Rosales. Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Imbabura Huasi, un refugio para turistas situado a 3 500 metros de altitud, resalta entre la verde montaña por su arquitectura en la que se destacan materiales de la zona. Con paredes de adobe, columnas de madera, techos de teja y pisos de piedra se levantaron dos edificaciones para recibir a los aventureros.

De esta manera, Alberto Pupiales, su esposa y tres hijos cumplieron el sueño de construir un alojamiento turístico cerca a la cima del Taita Imbabura, como llaman los indígenas de la zona al volcán.

El aroma de la tierra húmeda, el dorado de pajonales y el paisaje con la ciudad de Ibarra al fondo acompaña a los visitantes de esta zona de clima frío.

La obra es una proeza de la familia Pupiales. Ellos diseñaron los planos, buscaron los materiales y construyeron estas casas campestres.

La piedra que se utilizó para hacer los cimientos de los inmuebles, por ejemplo, la minaron personalmente de una quebrada en la vecina comunidad kichwa de San Clemente.

Con una carretilla trasladaron el material hasta un camino después de recorrer 200 metros. Luego de completar una cantidad calculada en cinco volquetas subieron la roca hasta el terreno, de 3 hectáreas, que pertenece a la familia.

La iluminación natural ingresa a los diferentes dormitorios a través de amplias ventanas y un tragaluz.

La iluminación natural ingresa a los diferentes dormitorios a través de amplias ventanas y un tragaluz.

Una tarea parecida se hizo con el adobe. Para elaborar estos bloques, de 30x40 centímetros, los propietarios emplearon barro negro y tierra café.

El proceso empezó con la mezcla de estos elementos y agua. Para amasar el barro utilizaron los pies hasta que la contextura estuvo maleable. Luego se dejó reposar dos días.

Para moldear los adobes se añadió al barro paja del páramo y ceniza. “Eso le torna al adobe más duro que un ladrillo”, asegura Pupiales.

Para armar las paredes, de 30 centímetros de ancho, emplearon un empaste de tierra y cemento. Para las columnas, en cambio, colocaron madera de pino y de eucalipto.
Hay muros en color natural. Pero para evitar que se erosione, se los cubrió con una especie de pintura hecha con resina y arcilla. En los otros se utilizaron tonos tierra.

Para conjugar las casonas con el entorno colocaron en los techos varas de madera y de carrizo. Estos elementos se sujetan sobre una estructura de gruesos maderos.
Una de las ventajas de estos materiales son sus condiciones térmicas. Durante el día mantienen fresco el ambiente interior y por la noche refractan el calor, independiente del clima del exterior.

La piedra resalta en los corredores exteriores de los inmuebles de Imbabura Huasi, situado en San Clemente.

La chimenea es uno de los elementos de la sala de esta estancia, equipada con muebles de madera sólida.

Los constructores también dieron utilidad a troncos de madera que fueron descartados para la construcción. Algunos fueron cortados en rodajas e instalados como pisos en los pasillos interiores.

Los marcos de las puertas fueron cubiertos con las cortezas de árboles de eucalipto. Mientras que, con raíces de madera se hicieron las manijas. 

Los propietarios superaron la carencia de obras de saneamiento ambiental y de servicio de energía eléctrica.

En el primer caso se construyó un baño seco, cuyos desechos -luego de ser tratados- se transforman en abono orgánico, explica Bladimir Pupiales.

La chimenea es uno de los elementos de la sala de esta estancia, equipada con muebles de madera sólida.

La piedra resalta en los corredores exteriores de los inmuebles de Imbabura Huasi, situado en San Clemente.

Las dos edificaciones fueron levantadas una frente a la otra. En la primera funciona el restaurante, la cocina y una sala equipada con una chimenea.

En la otra está la cabaña con las habitaciones. Ahí se instaló un panel solar que genera energía para las luminarias. El resto del área de la propiedad se utiliza para cultivo y el pastoreo de animales.

Ahora, Bladimir junto a sus hermanos Geovanni y Roberto están al frente del refugio. Por lo pronto, ofrecen bajo reservaciones el servicio a turistas nacionales y extranjeros.