El arquitecto Luis López, en una de las estancias de su casa, ubicada en La Tola, Centro de Quito. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

El arquitecto Luis López, en una de las estancias de su casa, ubicada en La Tola, Centro de Quito. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Jueves 26 de abril 2018

El reciclaje busca nuevos significados

Yadira Trujillo Mina.  (I)
ytrujillo@elcomercio.com

Todo en la vida son ciclos. Esa es la premisa de la que parte Luis López para hablar de su vivienda, que tuvo su inicio en los años 50 y que él compró hace un par de años. La recicló y hoy la habita.

La define como una casa popular, que conserva características de su origen, pero con ciertas transformaciones.

Lo esencial de la vivienda es el reciclaje de materiales, fundamentalmente madera de la construcción antigua y de otras obras, que generalmente se vuelven desechos.
Sobre el ciclo de esta vivienda, el arquitecto López asegura que las edificaciones tienen su propio lenguaje, que en su origen tienen una significación y en su nuevo uso adquieren nuevas. Es decir que “los mismos espacios tienen otras funciones, pero además cuentan con una expresión diferente, con otra significación”.

Una casa popular de La Tola, en el Centro de Quito, convertida en una vivienda contemporánea. Captura

Eso -según el arquitecto- es lo interesante del reciclaje en las edificaciones.
Entre las cualidades del lugar, figura una materialidad que es propia de la casa, compuesta por paredes de adobe, madera en acabados y mobiliario y techo de teja.
En el proceso de reciclaje se utilizaron materiales simples como el cemento visto y pulido en el piso, y el metal en complementos.

Esta conjugación de lo antiguo y lo nuevo -explica López-
constituye una intervención, en la que se realizan actuaciones contemporáneas en espacios preexistentes.

Aquello se nota desde la vista exterior de la vivienda, sobre la calle Los Ríos, en el Centro. Un gran muro, original de la casa de antaño, se encuentra acompañado por una puerta metálica, con apariencia oxidada -intencionalmente-, parte del estilo general.

Desde este sitio se pasa al altillo y al estudio, abajo. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Desde este sitio se pasa al altillo y al estudio, abajo. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Antes de ingresar a la casa se pasa por un amplio jardín, que aún se encuentra en proceso, pero que promete presencia de árboles y vegetación.
Abajo también hay un estudio, que tiene ingreso desde el exterior y desde una estancia interna de la casa.

Cuando se terminan las escaleras de ingreso, un patio descubierto da la bienvenida a la casa, transparente y abierta.
Las paredes frontales son amplios ventanales que permiten una rápida mirada y recorrido por el interior de la casa.

Al ingresar a la zona social está la primera impresión de un ecléctico, que acoge lo industrial del metal y lo acogedor de la madera reciclada.
La sala y la cocina están integradas, pero claramente diferenciadas por sus funciones y composición espacial.

El mesón de cocina quizá sea el mayor atractivo de este espacio. Se trata de una pieza de madera, con patas de metal, en la que se encuentra empotrada la plancha de estufa.
Junto a esa estancia está la sala, simple por las texturas lisas del cuero de los muebles y los colores blanco y negro.

Ambos sitios se notan amplios, gracias a la abundante entrada de luz, que llega desde el comedor contiguo, cuya mesa también llama la atención: muestra la imperfección de las vetas de la madera, dando un toque cálido, que se conjuga con la iluminación natural.

El dormitorio se encuentra integrado con un baño completo. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

El dormitorio se encuentra integrado con un baño completo. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Otro elemento que otorga amplitud a los espacios es la altura. Las paredes llegan hasta un punto, antes del techo, y desde allí no hay divisiones, por lo que, de alguna manera, todos los espacios están integrados por este detalle. López considera que el objetivo de eso es que exista un solo espacio, en el que cada estancia se comunique con otra.

En la altura también hay un toque cálido, dado por las vigas de madera, que permiten entender el contraste entre la casa de los años 50 y la arquitectura moderna. El dormitorio del arquitecto también es amplio, iluminado y se ca­racteriza por la sencillez de sus elementos.

Junto a ese hay un baño con su ducha y su tina, que tampoco tiene división desde la habitación, sino que se trata de un solo espacio íntimo integrado.
En cuanto al mobiliario, el arquitecto prefiere alternativas funcionales, cómodas, fáciles de mantener y de limpiar.

Asegura que el mobiliario fijo de la casa se hizo a través de procesos sencillos, también a partir de madera de reciclaje. “No hablaría de estilo sino más bien de una significación auténtica de las cosas, que van surgiendo por sí mismas”.