Los bohíos también fueron construidos con madera de  la zona para atraer el interés de los turistas. Fotos: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

Los bohíos también fueron construidos con madera de la zona para atraer el interés de los turistas. Fotos: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

Sábado 08 de febrero 2020

La rampira y la caña regresan a Las Palmas

Marcel Bonilla.  Redactor
F-Contenido Intercultural)

Cinco pequeños bohíos hechos con caña guadúa y techos de rampira ahora son parte de los locales ubicados en el malecón del balneario de Las Palmas, en Esmeraldas.
Los sitios fueron diseñados para brindar comodidad a los turistas que acuden para disfrutar del mar y de la variedad de platos hechos a base de mariscos. Amparados de sol, desde el sitio se observan los buques petroleros.

La construcción de los pequeños bohíos está en sintonía con los locales modernos erigidos hace cuatro años, cuando se inauguró el actual malecón de Las Palmas.
En ese balneario, en otrora, siempre se priorizó la construcción de locales a base de caña guadúa, madera y bambú.En su interior había muebles, bares, lámparas, estantes y adornos elaborados con bambú y madera rústica, para así mantener la imagen de las tradicionales viviendas adyacentes a la playa, explica el arquitecto Luis Espinales.

Las mesas y sillas están hechas con caña guadúa, un material resistente y versátil, que acepta tintes y laca para prevenir polillas.

Pequeñas construcciones tradicionales se levantan junto a otras modernas, en Esmeraldas

Cuando se inauguró el malecón, en marzo del 2016, se hicieron locales con un solo diseño y pese a que se usó madera para su estructura, camineras y bancas, hacía falta el toque tradicional para que los visitantes se sientan como en casa, insiste Espinales.
Desde hace seis meses, quienes alquilan esos espacios, cerca de la playa decidieron volver a los pequeños bohíos construidos con madera, caña guadúa y techo de hojas de rampira, manteniendo una armonía con las diferentes construcciones modernas.

Esos sitios se caracterizan por ser abiertos, con pequeños pasamanos de madera, piso de tabla, muebles y sillas hechas con ramas de árboles y bambú.
Las construcciones tienen como objetivo devolverle a ese espacio elementos de la tradición esmeraldeña, reflejados en antiguas casas cimentadas con materiales obtenidos en la zona rural de Esmeraldas, como la rampira, por ejemplo.

Pequeñas construcciones tradicionales se levantan junto a otras modernas, en Esmeraldas

Las mesas y sillas están hechas con caña guadúa, un material resistente y versátil, que acepta tintes y laca para prevenir polillas.

Además, reconstruir la imagen del balneario con parasoles que tienen como estructura un puntal de madera en medio, sobre el cual descansa el techo de rampira y alrededor, sillas elaboradas con pedazos de caña guadúa cortadas a la medida para un mejor aprovechamiento del espacio.

Walter Drouet, propietario de uno de los locales, explica que en la parte arenosa del balneario era necesario contar con esas antiguas construcciones que caracterizaron a sus ancestros y a esos balnearios.Por eso, explica que se realizan cambios con edificaciones tradicionales junto a las modernas, para que los turistas disfruten de la brisa marina mientras toman agua de coco o degustan de los platillos.