Este conjunto de tres viviendas está ubicado en la zona Buena Esperanza, en Tumbaco. El terreno tiene 1 000 m². Fotos: Cortesía Jaramillo Van Sluys / Martín Jaramillo

Este conjunto de tres viviendas está ubicado en la zona Buena Esperanza, en Tumbaco. El terreno tiene 1 000 m². Fotos: Cortesía Jaramillo Van Sluys / Martín Jaramillo

Sábado 31 de agosto 2019

Un proyecto que valora la calidad espacial

Paola Gavilanes. Coordinadora (I)
pgavilanes@elcomercio.com

Crear viviendas con generosos espacios para sus habitantes con la menor cantidad de dinero fue el reto de Esteban Jaramillo, representante de Jaramillo Van Sluys, oficina especializada en arquitectura y urbanismo, ubicada en Quito.

El proyecto está en Tumbaco y lleva por nombre Conjunto Buena Esperanza. Lo conforman tres casas construidas con hormigón, ladrillo mambrón y bloque, en un terreno de 1 000 m².

Una de esas viviendas tiene tres habitaciones, mientras que las restantes poseen dos. Estas últimas tienen 176 m² de construcción. Para construirlas, Jaramillo recuerda que cada propietario invirtió USD 70 000, aproximadamente. Es decir que el metro cuadrado bordeó los USD 380.

El estudio se conecta con la sala por una doble altura.

El estudio se conecta con la sala por una doble altura.

¿Cómo cumplió con el pedido de los propietarios? Una casa de ese tipo puede bordear los USD 90 000 -entre USD 450 y 500 el metro cuadrado de construcción- y el valor incrementarse según el tipo de revestimientos. Por esa razón, este arquitecto recurrió a una paleta de acabados básica.

Todos los materiales lucen al natural y exhibiendo sus propias ‘imperfecciones’, detalles que enriquecen a las diferentes viviendas del conjunto.
Hay ladrillo en el cerramiento, mientras que el hormigón está en la estructura y en el piso (pulido en el sitio).

Para ajustarse al presupuesto de los diferentes propietarios, se evitó el uso de revestimientos como el porcelanato, madera, cerámica o pintura.

El estudio se conecta con la sala por una doble altura.

El estudio se conecta con la sala por una doble altura.

Se trata, además, de un proyecto que muestra la honestidad de la arquitectura y que, a pesar de las limitaciones económicas, brinda calidades espaciales y de habitabilidad.

Aquello, precisamente, se destacó en la XXI Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito (BAQ2018), en donde el Conjunto Buena Esperanza fue seleccionado para ser publicado dentro del catálogo de la Bienal, que también estuvo entre los 20 proyectos arquitectónicos del país seleccionados para participar en la XI Bienal Iberoamericana, prevista para octubre.

Jaramillo cuenta que esa obra llegó al certamen local e internacional para mostrar lo que se hace en el país y para demostrar que es posible construir proyectos de calidad que satisfagan las necesidades de cada habitante. “Es un proyecto atractivo, desarrollado con un presupuesto limitado”.

Aunque las viviendas del Conjunto Buena Esperanza mantienen un mismo diseño, este arquitecto cuenta que inicialmente cada casa contaba con un diseño propio, pensado en satisfacer las diferentes necesidades en sus habitantes: una pareja joven con hijo, una mujer soltera. Otra casa fue pensada para la venta.

La casa para la mujer soltera, por ejemplo, se planteó como un volumen único con grandes espacios para recibir invitados en el área exterior, mientras que la casa destinada para la venta se planteó como una casa con una tipología en L, con una clara separación del área de día y de noche y desarrollada en una única planta.

Las casas, de 176 y 196 m² de construcción, poseen varios niveles de privacidad.

Las casas, de 176 y 196 m² de construcción, poseen varios niveles de privacidad.

“Al final les gustó un mismo diseño” y así fue como ahora estas viviendas cuentan con un área social -sala, comedor, cocina- integrada y un hall central que conduce al segundo piso, donde hay un dormitorio máster con un baño generoso y espacio de almacenamiento, y un amplio estudio que se abre a una doble altura a nivel de la sala.

Para lograr una mayor sensación de amplitud, precisamente, Jaramillo construyó entrepisos de 2,88 metros de altura, más altos de lo habitual -2,30 y 2,50 metros-. Esa altura también permite una mejor ventilación al interior, al igual que la disposición de los ladrillos, que además otorgan un juego de luces atractivo.

Las viviendas que tienen dos habitaciones -una en la planta alta y otra en el primer piso- cuentan también con un porche, ideal para disfrutar del clima de Tumbaco.

Ese espacio cuenta con la estructura y dimensiones necesarias para, en algún momento, cerrarlo y construir otro dormitorio. La posibilidad de crecer los espacios habitables es otro detalle atractivo del proyecto, construido en alrededor de ocho meses. “Todo está listo para levantar una habitación extra, como ya se hizo en una de las viviendas”.

Otro detalle que predomina en las casas de este conjunto es el nivel de privacidad. La fachada que da hacia la calle o que se enfrenta con otra construcción es más cerrada. La relación de vanos y llanos varía conforme la casa va girando.