Gabriela Valdez, en el dormitorio de su departamento. Le gusta la combinación de colores, texturas y plantas. Fotos: Patricio Terán / CONSTRUIR.

Gabriela Valdez, en el dormitorio de su departamento. Le gusta la combinación de colores, texturas y plantas. Fotos: Patricio Terán / CONSTRUIR.

Una muestra de diseño joven y en movimiento

Yadira Trujillo Mina. Redactora (I)

Un arquitecto concibe su profesión en todos los ámbitos de su vida desde temprana edad. Y su espacio habitable es una oportunidad para plasmar sus intereses.

Este es el caso de Gabriela Valdez, quien a sus 25 años ha empezado a conformar su vivienda, un departamento al que define con un estilo contemporáneo en proceso.

“Es un proceso de ir armando lo que yo quiero, como me gusta”. Esto lo hace a partir de uno de sus mayores gustos: el color, recurso que considera que no siempre es tan común dentro de la arquitectura.

Todo lo hizo a partir de una base sencilla, que se evidencia en los acabados del espacio de 55 metros cuadrados.

Predomina el blanco en las paredes, las puertas y el almacenaje de la cocina, mientras que el mesón de mármol de la cocina y un piso de bambú, junto con los muebles de diseño y las piezas de arte, ponen ese toque de calidez necesario.

Algunos muebles son modernos y de formas irregulares.

Algunos muebles son modernos y de formas irregulares.

Este departamento cuenta con un dormitorio, un baño, un espacio de sala, comedor y cocina integrados y un balcón que brinda momentos agradables a esta joven arquitecta, que es una amante de la luz natural y las plantas. De hecho, este es su espacio favorito de la casa, donde puede trabajar pero también relajarse.

Entre los destacados del interior está el mobiliario. Gabriela Valdez prefiere jugar con formas irregulares (no puras), colores, texturas y lisos para lograr espacios acogedores en su vivienda.

Para ella, esa forma de combinar varios elementos a la vez posibilita la creación de un estilo único. “Eso es para mí el estilo contemporáneo: ir creando a partir de muchas cosas, no necesariamente con todo muy pulcro, limpio y minimalista”.

Esa originalidad para crear se nota en muebles como el de su pequeña pero acogedora, elegante y juvenil sala o la silla de su dormitorio. Ambas son piezas que forman parte de una colección de diseño que Valdez hizo con la forma ATU, para un proyecto temporal que funcionó en la capital: el Laboratorio Urbano Sostenible.

En la cocina predomina el blanco y se destaca el mármol.

En la cocina predomina el blanco y se destaca el mármol.

Estos elementos se caracterizan por el juego de colores y texturas, tanto en telas como en estructura. Los elementos fueron parte de la primera experimentación con muebles que tuvo la arquitecta.

Tienen las patas rojas, telas diferenciadas, a las que Valdez denomina como una especie de “combinaciones descombinadas”, donde predominan tonos cálidos como rojos y naranjas, y fríos como los grises.

En la creación de las sillas como la de su dormitorio, la arquitecta experimentó con patas de madera y telas de colores cálidos o brillantes. Esto fue con la intención de combinar colores vivos y fuertes con elementos tradicionales, como la madera o el metal.

Para la arquitecta, cada detalle es una intención de ir creando su pequeño nicho y siendo caprichosa con cada “rinconcito” de su propio espacio.

Como parte del diseño interior de esta vivienda también se destaca el claro gusto que su dueña tiene por el arte. Gabriela Valdez Cuenta que está iniciando su pequeña colección, gracias a los vínculos que la profesión le ha permitido forjar con jóvenes artistas.

El balcón es el sitio preferido de la joven arquitecta.

El balcón es el sitio preferido de la joven arquitecta.

“Me gusta que la forma cómo estoy adquiriendo mi propia colección sea a través de colaboraciones o trueques que se involucran con mi trabajo”.

A Valdez gusta del collage, los grabados y los textiles. Pero sobre todo le gusta apoyar a los artistas jóvenes, como Mario Alvear y Ana Fernández.

Cada detalle que ella quiso plasmar en su departamento tiene un aire arquitectónico, asegura. “Para mí, el escoger los muebles o diferentes piezas, como el frutero de la cocina, tiene una base arquitectónica, porque eso es lo que hago todos los días”.

Un ejemplo de ello son los cuadros en el piso, que para la arquitecta representa algo intuitivo. Ella ve su departamento como un estudio, en el que no hay rigurosidad, sino que se puede cambiar todo de acuerdo con sus necesidades. “Refiere a la vida un poco nómada, de movimiento constante”.