Los materiales del Museo Arqueológico y Religioso de la Virgen de la Purificación están expuestos cronológicamente, de acuerdo con las fases del período de Integración. Fotos: Álvaro Pineda / para CONSTRUIR.

Los materiales del Museo Arqueológico y Religioso de la Virgen de la Purificación están expuestos cronológicamente, de acuerdo con las fases del período de Integración. Fotos: Álvaro Pineda / para CONSTRUIR.

Sábado 12 de enero 2019

Las casas de los Pastos tenían paja y adobe

José Luis Rosales.  Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Ollas circulares, lenticulares, con detalles con apariencia humana y animal, que pertenecen a la cultura Pasto, están colocadas ordenadamente en amplias urnas.

También hay compoteras de base anular, de varios diseños y tamaños, ocarinas y objetosque pertenecieon aeste pueblo que ocupaba un territorio que se extendía entre el norte de Ecuador y el sur de Colombia. Esa es una de las tres salas creadas en el Museo Arqueológico y Religioso de la Santísima Virgen de la Purificación, que se abre hoy en la ciudad de Huaca, Carchi.

El flamante museo tiene tres niveles. Es una construcción moderna de hormigón armado. El diseño incluyó paredes blancas y vitrinas de aluminio y vidrio. Unas están pegadas a los muros, mientras que otras ocupan el centro. Eso permite el paso cómodo de los visitantes por el corredor.

El techo falso está construido con gypsum. La luminosidad de los salones es atractiva por las luces LED.

En el museo se mira el interior de la réplica de un bohío.

En el museo se mira el interior de la réplica de un bohío.

En la sala de arqueología, en la segunda planta que mide 300 m2, hay una claraboya que permite el paso de la luz natural.

Para instalar esta muestra arqueológica los preparativos se desarrollaron desde enero del año pasado. Hay piezas de las fases Negativo del Carchi (Capulí), Tuncahuán (El Ángel), Cuasmal (Tuza), que pertenecen al período de Integración, del 500 al 1 500 D.C.
Este trabajo se hizo en dos etapas, explica el arqueólogo Marco Vinicio Ortiz. La primera fue la limpieza, organización y codificación.

Un total de 1 575 piezas fueron inventariadas por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Hay de tipo utilitaria y ceremonial.

Las cerámicas fueron donadas por varias familias de la localidad. La idea de coleccionar estos artículos con miras a crear el museo surgió del sacerdote Juan Bautista Escudero, expárroco del santuario de Nuestra Señora de la Purificación, hace más de dos décadas.

La segunda fase fue la instalación museográfica. “Lo que se quiere mostrar es que los Pastos fueron unos extraordinarios ceramistas”, dice Ortiz.

La vestimenta religiosa antigua también es expuesta.

La vestimenta religiosa antigua también es expuesta.

Solo con el sol, que se caracteriza por las ocho puntas y que es ícono de este pueblo, hay unos 20 diseños.

Las viviendas de los indígenas Pasto tenían paredes circulares de adobe y el techo de paja. Una parte de su arquitectura también se exhibe en la muestra. En la sala se levantó una réplica de un antiguo bohío, como se le denomina a esas casas.

La última semana se realizaban detalles en torno a la construcción de una imitación de una tumba Pasto. Esta estará ubicada en un extremo de la sala. Según la tradición, este pueblo ancestral enterraba a sus muertos junto a sus pertenencias como vasijas y joyas.

En el inicio del recorrido se incluyó una muestra del período precerámico. Hay objetivos de lítica que han sido hallados en los cantones de Huaca, San Gabriel y Bolívar.

Casi al final, en cambio, en la vitrina de las ocarinas los visitantes podrán escuchar sonidos grabados con estos instrumentos precolombinos. Richard Lomas, un vecino de Julio Andrade, interpreta con maestría estos silbatos.

Hay piezas con acabados rústicos, pero también finos.

Hay piezas con acabados rústicos, pero también finos.

Este centro cultural también incluye un espacio dedicado a la religiosidad local. Se exhiben vestimentas de ornamentos antiguos de antes del Concilio Vaticano Segundo, de 1959. También objetos que se utilizaban en el culto litúrgico como cálices, copones, incensarios, cruces, textos en latín, casullas, entre otros.

Otra área está destinada a exhibir los vestidos de la imagen de la Virgen de la Purificación, a la que los fieles le denominan La Purita. Es una devoción de 413 años de historia, comenta Carlos Padilla, párroco encargado del templo y el museo.

Aunque tiene 300 trajes en tamaño natural se exhiben solamente 90. La mayoría de prendas han sido donadas por personas particulares es instituciones. Entre ellas se destacan uniformes militares, policiales y de bomberos. También hay trajes indígenas de Otavalo y la nacionalidad Tsáchila.