En el interior se conjugan los materiales originales con la madera y con el color blanco en algunas paredes.

En el interior se conjugan los materiales originales con la madera y con el color blanco en algunas paredes.

Sábado 19 de enero 2019

Construcción de 1800 volvió a ser funcional

Yadira Trujillo Mina. Redactora (I)

Construida a finales de 1800, la vivienda ubicada en La Esperanza, Ibarra, era una de esas casas que, a primera vista, daba la impresión de no servir para nada. Esto lo cuentan los arquitectos del Estudio Al borde, encargados de rescatar la construcción.

Inicialmente, esta era una vivienda de 80 metros cuadrados oscuros y fríos, con una sola planta y el piso de tejuelo roto. Su cubierta de madera estaba podrida y lo único rescatable eran los muros de tierra, que a simple vista parecían estar en buenas condiciones, comentan los arquitectos.

El proyecto de recuperación se inició con el deseo de una familia que no busca la privacidad en áreas como la cocina, la sala, el comedor y el baño, que son de uso comunal, casi público. Es así que este proyecto se pensó para recibir visitantes y amigos todo el tiempo.

“En esta casa de todos, los espacios privados se reducen a la cama de cada uno de los miembros de la familia”, se detalla en la descripción de Al Borde.

Las puertas y las ventanas se reemplazaron en la casa.

Las puertas y las ventanas se reemplazaron en la casa.

Los acabados de la obra terminada son casi los mismos que estaban ahí originalmente, en el año de 1800. Esto, debido a que las operaciones de rehabilitación fueron mínimas y muy estratégicas.

Se reforzaron estructuralmente los muros de tierra, se curaron las paredes, se cambiaron las puertas y las ventanas que estaban en mal estado. El piso se igualó con cemento, dando como resultado una construcción renovada pero que contiene la esencia de su arquitectura original.

Si algo caracteriza a este proyecto es la optimización y el beneficio que se obtiene de cada recurso existente. Entre las estrategias, se aprovechó la necesidad de cambiar la cubierta para, en la misma acción, resolver las habitaciones que se requerían.

Actualmente, una nueva solera amarra los muros. Para ello se instalaron cerchas de
eucalipto por cada 1,55 metros. Entre cada una de las cerchas se ubica una cama, dando un total de tres pares de cerchas habitables ensambladas en la vivienda.

Los arquitectos detallan que fue imposible reusar las tejas en la cubierta por su mal estado. Sin embargo, estas fueron útiles para otro fin: se convirtieron en material de relleno del patio de esta vivienda.

La vivienda ubicada en La Esperanza, Ibarra, fue construida en 1800 y su rehabilitación contempló la conservación de los muros de tierra que fueron reforzados estructuralmente.

La vivienda ubicada en La Esperanza, Ibarra, fue construida en 1800 y su rehabilitación contempló la conservación de los muros de tierra que fueron reforzados estructuralmente.

La cubierta, en cambio, se resolvió con tejas de neumáticos viejos y una cumbrera de vidrio reciclado que traga luz, calienta e ilumina el interior.

La vivienda es un ejemplo de arquitectura eficiente, que da como resultado espacios funcionales, diáfanos y cómodos para la cotidianidad familiar.

Desde el exterior, esta vivienda se incorpora sin problema al paisaje tradicional que la rodea en la zona de La Esperanza, mientras que en el interior se aprecia la conjugación de sus componentes históricos con la arquitectura eficiente, aplicada por Al Borde.

Allí conviven los materiales originales, la madera y la neutralidad del color blanco, con la diferencia de que ahora se transita por espacios iluminados, abiertos e integrados.

La casa cuenta con amplia entrada de luz natural.

La casa cuenta con amplia entrada de luz natural.

Eso ocurre gracias a la presencia de amplios ventanales, que permiten el ingreso de la luz natural durante el día, mientras que por la noche cada zona se ilumina con luces colocadas de manera estratégica y que, además, otorgan un toque cálido a la decoración, a través de lámparas con un diseño industrial, que conviven en el ambiente.

Este proyecto ganó un reconocimiento en la XXI edición de la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito: el Segundo Premio Nacional en la categoría de Rehabilitación Arquitectónica.